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La Biblia no es…

Por Dr. Oscar J. Fernandez

En una ocasión fui a comprar algo y me quedé sorprendido por lo que costaba, y a juzgar por mi “buen juicio” esto era un gran abuso. De manera que no compré el objeto, aunque lo necesitaba. Al siguiente lunes hice el comentario en la oficina con un amigo, el que me sugirió que lo hiciera yo mismo. La idea me pareció muy interesante por lo que comencé a hacer cálculos y diagramas. Ese sábado, bien temprano en la mañana, me dirigí a Sears y en la parte de ferretería compré todo lo necesario. Mi amigo me había dicho algo que tenía mucho sentido. Él me dijo: “Aunque ahora te cueste más comprar las herramientas, a la larga vas a tener un gran ahorro porque las seguirás usando en otros proyectos”. Luego me fui a Home Depot y compré la madera, lijas, pintura y el resto de los materiales necesarios para hacer mi proyecto, que comencé ese mismo día.
Tres semanas más tarde terminé el proyecto que resultó horrible y del todo inservible. Lo único positivo de aquella experiencia fue que me ayudó a comprobar que no importa lo sofisticada y útil que sea una herramienta, si usted no la sabe usar adecuadamente, no le servirá de mucho.

Piense en la similitud que tiene mi experiencia como “carpintero” con nuestra vida cristiana. Tenemos en nuestras manos la revelación de Dios, Su forma de darse a conocer. Sabemos que la Biblia es la Palabra de Dios, y que ella nos revela Su carácter, voluntad y propósito para nuestras vidas. Sabemos que Él, mediante el Espíritu Santo y por medio de Jesucristo nos ofrece el perdón y la vida eterna. Hemos experimentado y hemos visto como otros han sido transformados por el poder del Evangelio. Pero… ¿se ha puesto a pensar alguna vez, si acaso usted está usando la Biblia de manera eficaz a fin de entender y presentar en toda su dimensión el mensaje de Cristo?

En definitiva, ¿qué es la Biblia? ¿Es que en verdad Dios nos dio un libro? ¿Y si lo hizo, qué clase de libro nos ha dado y para qué? ¿Lo estamos usando bien o mal? Si queremos ser completamente honestos, creo que todos debemos reconocer que en ocasiones hemos encontrado que no hay una conexión entre lo que decimos creer que la Biblia es y la manera práctica en la que la usamos a diario.

Hay un viejo principio filosófico que dice: “Lo que uno es, determina lo uno que hace”. Considero que esto se puede aplicar al concepto que tengamos de la Palabra de Dios. Pudiéramos decir: “Lo que creamos que la Biblia es, va a determinar cómo interpretamos y aplicamos sus enseñanzas”. Pero no se sorprenda, eso no es algo que yo haya inventado o descubierto. Ha estado ocurriendo en su vida desde que usted fue por primera vez a la escuela. Todo lo que hemos aprendido y aprendemos depende de la naturaleza del documento o libro que hemos leído o estudiado. Hemos aprendido historia, leyendo y creyendo que lo que dice el libro es cierto. Igualmente las matemáticas, la física, la electrónica, etc. ¿Qué es diferente con la Biblia? Si creemos que ella es la Palabra de Dios, eso demanda que tengamos una actitud diferente.
Pero esto también pudiera ser un lema que “repetimos”, sin que en verdad lo hayamos metabolizado. ¿Qué hace usted cuando ocurre un hecho importante? La mayoría de las personas, no se conforman con escuchar o leer las noticias de una sola fuente. Generalmente buscan dos o tres fuentes ya que cada una tiene su propia reputación de estar cerca o lejos de la verdad. Por esto es de suma importancia que al enfrentarnos al Texto Supremo, con toda honestidad nos preguntemos: ¿Qué es la Biblia? La manera en la que contestemos esta pregunta, va a determinar la forma en la que la entendemos y aplicamos a nuestra vida. Déjeme decirle algo más: La identidad o personalidad de la Biblia y su carácter son los que hacen posible que su mensaje pueda ser relevante en el día de hoy.

Déjeme explicar un poco más. Si no tenemos claro el principio, el cimiento y estamos convencidos, fuera de cualquier duda, que estamos frente a la revelación perfecta de Dios para los hombres, entonces sin duda, comenzaremos a cuestionarnos cosas como estas: ¿Cómo sabemos que esta Biblia es la verdadera? ¿Qué derecho tenemos de leer documentos viejos y aplicarlos a la vida moderna? ¿Si estos documentos fueros escritos para reprender o lidiar con problemas de otras gentes, por qué tengo que pensar que se aplican a mí? ¿Cómo vamos a aplicar esas verdades a nuestras vidas? ¿Qué tienen que ver esas profecías con mi futuro? ¿A lo mejor ese libro es obra de los hombres para controlar y manipular a otros hombres? ¿En definitiva, después de todo, qué significa esta colección de libros que va desde Génesis hasta Apocalipsis?

Recuerdo cuando yo estudiaba matemáticas que había un “teorema de lo absurdo.” En cierta forma eso se pudiera aplicar a la Biblia. Déjeme comenzar considerando algunas cosas que NO ES LA BIBLIA: En primer lugar la Biblia no es una recopilación de reglas que hay que seguir y de cosas que no se pueden hacer. Esto no implica que no tengamos que reconocer y obedecer los mandamientos, exhortaciones y prohibiciones que aparecen la Biblia. ¿Me estoy contradiciendo? En manera alguna, lo que quiero decir es que Dios espera y demanda una respuesta de parte de Su pueblo. Vea lo que dice Jesús en Juan 14:21. La obediencia es muy importante y lo es hasta el punto de que la revelación divina debe moldear nuestras vidas. Debemos amar a Dios, Y SOLO A DIOS, más que a alguna otra cosa. Vea lo que dice Deuteronomio 6:5, aquí no hay cabida para alguna otra cosa. Dios no COMPARTE nuestro amor, eso es algo exclusivo. Eso lo percibimos claramente en el Monte Sinaí, lo palpamos en los profetas, lo escuchamos en las palabras de Jesús, El apóstol Pablo lo enfatiza en casi todas sus cartas. Sin embargo, la Biblia NO ES un libro de REGLAS para la vida. No hay un índice en el que usted pueda decir, ah Raulito suspendió el examen de matemáticas, déjame ver lo que dice 1 Jun que le tengo que hacer. Eso no funciona de esa manera.
Observe que la mayor parte del texto bíblico no se dedica a decir lo que se puede y no se puede hacer. La mayor parte es más bien descriptiva y se ocupa en presentarnos a Dios, su carácter, sus atributos, su fidelidad, su amor, etcétera. Tal vez por esta razón algunas personas limitan su estudio de las Escritura a aquellos pasajes en los que se dan “instrucciones” o se establecer preceptos, pero haciendo esto, lamentablemente se pierden el TODO.
Algo que debemos tener presente es que al parecer, los seres humanos estamos “predeterminados” a SEGUIR NORMAS Y REGLAS. Así es como opera nuestra sociedad, así es como fuimos educados en nuestras casas, eso nos enseñaron en la escuela, así están constituidas las naciones. ¡Todo se rige por reglas, leyes y normas! Es por esto que al enfrentarnos a la Biblia, con este contexto de referencia, la respuesta lógica del ser humano es: “¿Y cuál de esta viejas normas se aplica hoy día a nosotros?

Déjeme darle una lista de ejemplos, le recomiendo que los lea todos, pero si su interés en este tema no es muy grande, escoja solo algunos: Génesis 1:28; Levítico 19:11; Deuteronomio 21: 18-21; Proverbios 3:27; Isaías 1:17; Mateo 6:19; Efesios 6:5 y Filemón 22.
¿Por qué no nos gusta Levítico 19:11 y nos encanta Levítico 19:19? ¿Por qué no castigamos a los adolescentes rebeldes con la pena de muerte basándonos en Deuteronomio? Hay muchas explicaciones. Por ejemplo, Israel vivía bajo un sistema llamado Teocracia, en la que Dios es el rey que gobierna. En ese sistema se establecía la pena de muerte para ciertas desobediencias que carecen de importancia en nuestro contexto histórico, ¿verdad? En términos más amplios, se puede pensar que Pablo dio ciertas instrucciones a personas especificas, por ejemplo Filemón, en medio de un contexto histórico determinado, por ejemplo cuando su esclavo Onésimo se escapó y Pablo se lo envió de vuelta con el ruego de que Filemón lo recibiera y perdonara. Pero un momento, ya hoy no hay esclavos, ni Pablos, ¿no es así? ¡No exactamente!

Tal vez no resulte tan fácil como quisiéramos, pero detrás de cada pasaje de la Biblia hay principios universales que siguen siendo válidos para nosotros. Voy a terminar esta semana con un ejemplo extremo: Los Diez Mandamientos fueron dados por una persona especifica (Dios), fueron dados a un mensajero escogido por Dios (Moisés), fueron dados a un pueblo específico (Israel), y fueron dados en un contexto histórico específico e irrepetible: la liberación de Israel de su esclavitud en Egipto. Sin embargo, el Primer Mandamiento, sin dudas trasciende aquel entorno y resurge por doquier. El mandamiento de NO TENDRÁS DIOSES AJENOS DELANTE DE Mĺ, está presente desde Éxodo hasta Apocalipsis, rompiendo las barreras del tiempo, los contextos sociales e históricos, revelándonos en parte la naturaleza de Dios.

Es importante que definamos lo que creemos, aceptamos e interiormente y secretamente pensamos que es la Biblia. Sobre ese principio se basa la mayor parte de nuestras creencias y seguridad…

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