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Para que todo aquel…

Dr. Oscar J Fernandez

Hoy en nuestro plan de lecturas  nos acercamos a uno de esos que podemos llamar “hitos bíblicos”, se trata de Juan 3.16 que no solo es el versículo más conocido de la Biblia, sino que también es el que ha sido traducido a más idiomas que cualquier.

Juan 3.16 define de manera clara toda la esencia del evangelio explicando de manera sencilla el papel de Dios el Padre haciendo la provisión de la salvación mediante Dios el Hijo añadiendo la responsabilidad individual que tiene cada persona de creer y los beneficios eternos que resultan de la fe. No en balde Juan es conocido como “el teólogo”.

Alguien ha dicho que si solo se pudiera conservar un versículo de la Biblia, Juan 3:16 sería suficiente pues encierra la esencia del plan de Dios para la humanidad.

Jesús pronunció estas palabras en Su conversación con Nicodemo hablando acerca del nuevo nacimiento. Jesús dijo a este hombre que debía nacer “de nuevo” (la palabra griega que se traduce como “de nuevo” –ánodsen– significa también “de lo alto”) para poder entrar al reino de Dios (Juan 3.3). Pero Nicodemo no entendió lo que Jesús quiso decir a pesar de ser maestro de la Ley, entonces, Jesús le explicó que el nuevo nacimiento era la obra del Espíritu Santo. Además, usó el conocido hecho de la “serpiente” que “…Moisés levantó […] en el desierto…” para ilustrar su papel en la salvación y la fe que una persona debe tener para entrar en el reino de Dios (Números 21.4-9; Juan 12.32); este maravilloso versículo revela por lo menos tres verdades importantes acerca del evangelio: (1) Dios nos ama, (2) Él dio a su Hijo por nosotros y (3) cualquiera que cree en Jesús tiene vida eterna.

La palabra porque relaciona a Juan 3.16 con los versículos 14-15, con la ilustración de la serpiente puesta sobre un asta y, de esta manera, con la muerte de Jesús en la cruz para asegurar la vida eterna para todo aquel y en este grupo entramos usted y yo, se da cuenta de la maravilla que significa que la provisión de Dios nos incluye a nosotros, y también a nuestros semejantes. La única simple condición es CREER.

Fue el amor lo que motivó a Dios para que enviara a su Hijo a morir por el mundo, la humanidad perdida en sus pecados y allí estábamos usted y yo antes de recibir a Cristo. Nada que hubiéramos hecho podría reconciliarnos con Dios de manera que Él estableció que Dios Hijo viniera a ocupar el puesto que debíamos ocupar nosotros para poder pagar el precio del pecado.

Debemos entender muy claramente que el amor de Dios no es exclusivo, ni siquiera para Israel (como podría haber pensado Nicodemo). Dios mostró su amor en un asombroso acto de entrega de sí mismo, ya que la unidad esencial del Padre y el Hijo significa que, al dar a su Hijo, Dios el Padre dio de sí mismo.

 ¡Qué precio tuvo este amor! No solo subraya el valor del Hijo de Dios para el Padre (Jesús tenía –y tiene, por supuesto– un valor infinito), sino también el valor que la humanidad tiene para el Padre (cada uno de nosotros es también de valor inmenso para Él).

¿Por qué entregó Dios a su Hijo? Para que todo aquel que en él cree para salvación, no se pierda en el infierno, sino que tenga la vida eterna en el cielo con Él. Dios ama a todas las personas, pero solo aquellas que por fe eligen recibir su amor y su ofrecimiento de perdón se convierten en beneficiarios del sacrificio de Jesús y venir a formar parte del Pueblo de Dios como hijos adoptados de Él.

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