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Leyendo Juan capítulo 15…

Por Dr. Óscar J. Fernández

Esta es una adaptación tomada del libro El Llamado del Maestro de Claude King y Óscar J. Fernández publicado por LifeWay Christian Resources

El apóstol Juan,  a diferencia de Pedro, no trataba de dominar la escena. Sin embargo, es el único discípulo que estaba al pie de la cruz. También a él le encomendó Jesús el cuidado de su madre. Juan llevó a María a su casa para ocuparse de ella por el resto de sus días cuando el cuerpo de Jesús fue colocado en el sepulcro. Cuando el primer día de la semana las mujeres vieron el sepulcro vacío y corrieron a dar la noticia a los discípulos, fueron Pedro y Juan los que corrieron hasta el sepulcro para ver lo que había pasado, y fue precisamente a Juan a quien Dios le dio la visión del futuro que él registró en el Apocalipsis.

En este capítulo de su evangelio Jesús se presenta como “La Vid Verdadera”, y el versículo 5 dice: Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer (Juan 15.5).

¿Qué quiso decir Jesús con esto? Qué extraña manera de componer una metáfora comparándose con una planta.

La palabra permanecer no se usa mucho en estos días. Permanecer* significa literalmente mantenerse sin cambiar de lugar, estado o calidad. Pero esas palabras parecen totalmente inadecuadas para describir lo que Jesús quiere decir con “permanecer en Él”. Nuestro Señor contó la parábola de la vid para ayudar a los discípulos a entender lo que Él quería decir. Así como una rama o un pámpano están conectados a la vid, Él quiere que nosotros estemos conectados a Él. Simple y complejo. Piense en una rama de un árbol. Cuando se poda, se seca, muere. Justo esto les está diciendo Jesús a sus discípulos.

La ilustración de la vid y los pámpanos nos enseña que:

• La vid y los pámpanos son de la misma sustancia, de la misma madera.

• Una rama o pámpano que está injertado en la vid, tiene fibras dentro de la vid. La vid también tiene fibras dentro del pámpano, de manera tal que forman una sola planta.

• Los pámpanos necesitan de la vid, no pueden vivir sin la sabia de esta.

• La vid necesita de los pámpanos para llevar frutos. Sin los pámpanos, la vid no puede producir frutos.

Cuando yo era niño, en mi iglesia en la ciudad de Santa Clara (Cuba) se cantaba mucho un himno que a pesar de los años que han transcurrido y de que hoy ya apenas se escucha, todavía recuerdo con mucha frecuencia. El himno repetía muchas veces la siguiente oración: “Que en mí puedan ver a Jesús”. Mi padre era diácono y tenía una buena voz de tenor, y a veces, cantando en la congregación, su voz sobresalía por encima de los que estaban a su alrededor. En una ocasión en la que se estaba cantando este himno, parece que una hermana se molestó y al terminar el culto vino a preguntarle a mi papá por qué cantaba este himno tan alto, a lo que mi padre, sin prestarle mucha atención al incidente, le respondió: “porque quiero que todos sepan que esa es mi intención, y si no logro que en mí puedan ver a Jesús, quiero que me lo digan porque quiere decir que  tengo que seguir esforzándome”.

Esta idea realmente es un reto y considero que el mejor mensaje que podemos presentar a los no creyentes es que puedan ver en lo que hacemos, una sombra de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

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