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Cuando la oración no funciona, Parte I

Por Dr. Óscar J. Fernández

¿Puede haber un error en la respuesta que recibimos a nuestras oraciones? Es decir, que oramos por una cosa y recibimos otra. Lo que “nosotros pudiéramos” considerar respuestas equivocadas a nuestras oraciones, en verdad no lo son. Pero, es posible que nuestras oraciones no lleguen ante el trono de Dios. Tal vez, si acaso, se queden enredadas en el techo de nuestra habitación.

Me parece encontrar tres aspectos que con mucha frecuencia introducimos en lo que voy a llamar “nuestra vida de oración”. Estos aspectos son cosas erróneas que hacemos y lo único que nos garantizan es que nos sintamos vacíos, decepcionados, deprimidos y espiritualmente desconectados de Dios. Es ese sentimiento que se puede experimentar al terminar de orar que llega a ir más allá de la duda en que vamos a recibir lo que hemos “pedido”. Estos tres aspectos, al parecer son “aspectos universales” que se aplican a todas las sociedades y culturas y además son atemporales. Hoy son tan importantes como lo fueron en los días en los que Jesús estaba en la tierra con sus discípulos, entonces se practicaban de la misma manera en la que se practican hoy.

Al primer aspecto lo voy a llamar “UNA OBLIGACIÓN”.
Mateo 6:5ª dice: “Y cuando ores”.
El primer problema por el cual la gente no se puede conectar con Dios en oración me parece obvio. Se hace difícil reconocerlo y más aún decirlo. Pero en realidad, es un hecho muy nocivo, contagioso y que se ha expandido por todas partes, como una epidemia fuera de control. Podemos preguntarle a cualquier creyente, de cualquier edad, en cualquier país, si alguna vez en su vida se ha sentido culpable de padecer este problema, y si es sincero, tendrá que confesar que sí.

Ponga mucha atención a lo que voy a decir: El problema más grande de nuestra vida de oración, es que NO ORAMOS. Y eso, créame, es un GRAN problema. Observe que Jesús dijo: Y cuando ORES…, lo que sin lugar a dudas implica que los seguidores de Jesús tenemos que emplear tiempo y energías en orar. La expresión “Y cuando ores” implica una OBLIGACIÓN de nuestra parte, algo que tenemos necesariamente que hacer, algo que no es opcional o que se hace de acuerdo a nuestras posibilidades y tiempo sobrante. Esta oración gramatical tiene una fuerza mayor que si Jesús hubiera dicho: “Si tu oras”; o “Cuando sientas deseos de orar;” o “Si te acuerdas de orar”… Sin embargo, este principio que es tan elemental, es ignorado por una gran mayoría que simplemente no lo hace, la mayoría de la gente, simplemente NO ORA, o si lo hace, muchas veces es una especie de rutina sin sentido o compromiso.

El grupo de investigaciones de George Barna en California, hizo una encuesta nacional en los Estados Unidos de Norteamérica, entre los miembros de cuatro denominaciones evangélicas. Ellos encontraron que el 25% de los encuestados reconoció que ellos NUNCA oraban. Wow, (guao) ¡NUNCA! Ese es un gran número. Si a esto le sumamos aquellos que no se sienten con valor suficiente para confesar que su vida de oración es muy esporádica, no hay que ser muy inteligente para llegar a la conclusión de que la primera razón por la que tanta gente no ve sus oraciones contestadas es PORQUE NO ORAN.

Déjeme usar una analogía y hacer algunas comparaciones. Como seguramente conoce yo soy editor. El mayor problema que tengo con algunas personas que se consideran escritores, es que nunca escriben, y aunque tengan el talento, no tienen la práctica, de manera que cuando tienen que escribir algo que se les asigna, simplemente no pueden, no les sale. ¡La práctica hace que la ejecución sea un placer y no una tortura o una obligación! Piense en un equipo de béisbol que no practique, en un cantante que no se estudie la letra de las canciones y ensaye la melodía, en una orquesta que no afine sus instrumentos, en un pianista que no se estudie la partitura, la estudie y la ensaye, en un campesino que no siembre o no le dé de comer a los animales, en un pintor que no compre pintura. Es muy simple: ¡El no hacer una cosa, es la mejor manera de no poder recibir resultados!

Pero tal vez usted esté pensando, pero la oración es diferente. Nosotros estamos muy ocupados y la vida moderna es muy agitada. Nos levantamos corriendo para llevar los niños a la escuela y correr a la oficina, salimos de la oficina corriendo para buscar a los niños a la escuela y llevarlos a las clases de natación, o esgrima, o defensa personal, o ballet o música. Salimos corriendo para pasar por el supermercado y comprar algo para la cena, llegamos a la casa y hay que sacar el perro a pasear y darle comida, hay que preparar el baño para los niños y preparar la cena, atender al conyugue cuando llega de mal talante por el ajetreo del día, cenar y prepara a los niños para que hagan los deberes (tareas) de la escuela, servir la cena, lavar los cacharros, pagar las cuentas que llegaron, preparar la ropa para el próximo día y estas cosas “hay que hacerlas, orando o sin orar”, ¿No?
Hay muchos casos en los que todas estas obligaciones se comparten entre la pareja, y hay otras muchas en las que uno de los cónyuges tiene que trabajar en dos lugares para poder pagar las cuentas, limitando aún más el tiempo disponible. Pero a pesar de eso, esperamos que la oración sea EFICAZ, y esperamos que Dios nos responda de inmediato cuando un niño se enferma o se rompe el carro. Es en los momentos de crisis que nos acordamos de orar, aunque hayamos estando ignorando a Dios durante meses, y muchas veces es una oración muy rápida, al mismo ritmo de la vida que llevamos.

La falta de oración no tiene sentido y es una tontería, pero la mayoría de nosotros somos culpables de alguna vez haber dejado de orar cayendo en la práctica de esa tontería, y cuando las cosas salen mal, entonces culpamos a Dios por no responder las oraciones, que en verdad no hemos hecho.

A veces tengo la impresión de que alguna gente, hasta cuando está enfrentando problemas, confía en que otros oren por ellos y no oran ellos mismos. Déjeme darle cuatro pasajes de las Escrituras que considero que son La Regla de Oro de la oración: 1 Tesalonicenses 5:16-17; Lucas 6:12; Hechos 1:14 y Romanos 1:9-10. Tome un momento, lea estos pasajes y ore pidiéndole a Dios que le revele en qué ha estado usted fallando en su vida de oración.
Mañana seguiremos hablando de este tema, pues quiero darle tiempo para que lea y analice por usted mismo

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