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Vanas repeticiones. Cuando la oración no funciona, III parte, FINAL

Por Dr. Óscar J. Fernández
Lea Mateo 6:7

Recuerde que cuando comencé hace tres días, les pedí disculpas y les dije que mi intención no es ofender a alguien, pero que considero mi deber expresar lo que pienso, basado en mis estudios de la Biblia, de manera que sigamos adelante. En el primer siglo, tanto los griegos como los romanos tenían un sistema de oraciones a sus dioses en los que se mezclaban la “forma” y la magia. Ellos creían que cada uno de los muchos dioses que tenían controlaba algún aspecto de la naturaleza, pero no tenían control sobre su propio temperamento. Bajo estas creencias, las oraciones eran una especie de “bálsamo” para calmar la ira y el furor de los dioses y pedir su favor.

Los adoradores paganos acostumbraban a repetir sus oraciones una y otra vez, para llamar la atención de los dioses y para recordarles, en caso de que hubieran olvidado lo que le habían pedido. Repetían también sus oraciones a fin de que si sus dioses no les habían escuchado la primera vez, tal vez les escucharan en otras oportunidades y por eso insistían. Ellos repetían sus oraciones sin cesar para tratar de convencer a sus dioses de que lo que estaban pidiendo merecía una respuesta positiva a su favor.

Este tipo de oraciones no tiene nada que ver con la perseverancia en la oración a la que Jesús luego se refiere. Los gentiles consideraban que había un cierto poder mágico en la oración en sí. De manera que no era un simple hecho de repeticiones, sino que había una cierta manera y ciertas palabras que debían repetirse de cierta forma para obtener el favor de los dioses. Ellos consideraban que mientras más veces y más fervientemente repitieran sus oraciones, más oportunidades tenían que fuesen respondidas.

Hoy día hay personas que tienen la misma idea. ¿Recuerda usted que cuando era niño abia unos muñequitos en los cuales se desencadenaba la acción de un genio dormido con las palabras “abra-kadabra? Eso es lo mismo que hacen los miembros de la llamada Nueva Era con la repetición de ciertas frases, o lo que hacen los musulmanes con la repetición de lo que llaman la “shahāda”.

La palabra usada en griego en este pasaje de la Biblia es battalogeo que significa usar muchas palabras o hablar en exceso. También significa pronunciar sonidos sin sentido, hablar de manera incoherente. Es el equivalente al concepto que implica la palabra “balbucear”. Son los sonidos incoherentes y sin sentido que emite un niño cuando comienza a hablar. Dios no se agrada con las oraciones repetitivas, Él desea que nosotros derramemos nuestra alma y que clamemos a Él reconociendo nuestra total dependencia.

Nos hemos extendido más que de costumbre, pero pienso que es necesario y no quiero terminar sin que veamos una historia del Antiguo Testamento que está en 1 Reyes capítulo 18. Hace dos años tuve el privilegio de visitar el Monte Carmelo, el mismo lugar en el cual el profeta Elías protagonizó esta historia. Mientras que uno de los miembros de nuestro grupo leía 1 Reyes 18, mi mente volaba al pasado y me situaba con la congregación de los hijos de Israel viendo a los 450 profetas de Baal y los 400 profetas de la diosa Asera y al profeta Elías edificando sus altares. Las palabras de Elías retumbaban en mis oídos mientras se leía el versículo 21 y mi corazón se llenaba de tristeza pensando en la gran cantidad de gente que como el pueblo de Israel que hoy también guarda silencio ante tan crucial pregunta y prefiere seguir jugando a “complacer”. Como decía alguien una vez “a dios y a la virgen, por si acaso”. Sí, puse dios con minúscula porque ese que se puede compartir con alguien más, no es nuestro Dios que es CELOSO y EXCLUSIVO.

Elías no pudo resistir la tentación y en 1 Reyes 18:27 se recoge como el profeta se burlaba de los profetas de los dioses paganos. Los versículos 28 y 29 recogen algo que yo he visto en nuestros días. Un domingo en la mañana pude ver en la Plaza Mayor de Ciudad México, frente a la iglesia de la Virgen de Guadalupe a una gran cantidad de personas que se arrastraban por la Plaza, que se flagelaban y sacaban sangre de sus cuerpos. Recordé como en la ciudad de la Habana en Cuba, los creyentes se dirigían al llamado Santuario del Rincón caminando descalzos muchos kilómetros. Estas acciones y TODAS las promesas que vemos hoy día que la gente hace, solo persiguen el fin de llamar la atención de sus dioses. No se llame a engaño, las vírgenes y los santos son “dioses” que pretenden ocupar el lugar del Dios verdadero.

Siga hasta el final del capítulo 18 para que vea el desenlace de la historia. ¿Para qué Dios pondría este tipo de historia en la Biblia? Estoy seguro que Dios nos quiso decir por medio de este episodio que sucedió en el Monte Carmelo que las largas oraciones, las penitencias, las repeticiones, las promesas, el pago de promesas, la velas encendidas, la repetición de oraciones, y la elocuencia al orar, no hacen falta para pedir la ayuda de nuestro Dios.

Dios aprecia la sinceridad de nuestros corazones y las conversaciones íntimas que podamos tener con Él. Nuestro Padre sabe lo que necesitamos, antes de que nosotros incluso nos demos cuenta de nuestra necesidad y no está “probando” nuestra fe contando cuántas palabras usamos, lo elocuente que somos o lo bien informados que estamos.
Recuerde que hay dos recompensas, para nuestras oraciones la que dan los hombres y la que da Dios.
¡LA RECOMPENSA DE DIOS A NUESTRAS ORACIONES ESTÁ RESERVADA PARA AQUELLOS QUE BUSCAN SU CORAZÓN, NO PARA LOS QUE BUSCAN LLAMAR SU ATENCIÓN! Señor, gracias por tu Palabra, enséñanos a orar…

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