BBC Ministerio Hispano

Hasta un día…

Por Dr. Óscar J Fernández

Génesis 32:24-30
Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. 25Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. 26Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. 27Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. 28Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. 29Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. 30Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. 31Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera. 32Por esto no comen los hijos de Israel, hasta hoy día, del tendón que se contrajo, el cual está en el encaje del muslo; porque tocó a Jacob este sitio de su muslo en el tendón que se contrajo.

¿Alguna vez se ha encontrado atrapado en una esquina, sin saber para dónde correr? ¿Se ha encontrado alguna vez en una situación en la que no ve alguna manera de salir? ¿Qué hizo? ¿Cuál fue su reacción? ¿Hizo lo primero que le vino a la mente, o clamó a Dios?

Jacob fue un verdadero maestro en el arte de salir de las situaciones difíciles. De salir de la esquina cuando no había salida. Su vida nos lo muestra siempre levantando la mano para sobresalir. Tratando siempre de ser el primero. Jacob siempre aparece buscando una salida que le pueda producir ventajas sobre los demás.

Tratando siempre de salir a flote. Incluso aparece como el suplantador y el engañador, hasta he pensado muchas veces que era un “tramposo”. Él vivía su vida a su manera y trataba de obtener ventajas de todo el mundo, que pudieran beneficiarlo.
Pero un día tuvo un encuentro que cambió su perspectiva. Se sintió atrapado en una esquina sin tener alguna salida que pudiera tomar. Dios lo arrinconó y lo llevó a un punto cercano a la desesperación. Fue como si le apretara la garganta y no le permitiera respirar. En Génesis 32 se nos presenta el primer caso de forcejeo en la Biblia. No había dudas de quien ganaría la pelea. Jacob nunca tuvo la oportunidad de ganar. Él no tenía la astucia suficiente para poder escapar de la mano de Dios. El Señor se encontró con él y lo apretó hasta que Jacob tuvo que clamar desesperado.

Aunque Jacob fue uno de los Patriarcas, debemos recordar que no era perfecto. Estaba lleno de defectos, era un tramposo. Desde que nació siempre estuvo luchando para sobresalir. Su madre Rebeca le aconsejó que engañara a su propio padre Isaac. Pero nadie puede ser culpado por sus errores. Fue Jacob y solo él quien decidió engañar a su padre. Fue Jacob el que decidió mentir. Por lo que solo Jacob es el responsable de las malas decisiones que tomó.

Jacob era un sujeto antipático. Era como el grandulón abusador que usted temía en la escuela secundaria. Era muy parecido al abusador de la clase. El tipo al cual usted nunca le daría la espalda. El chico que usted espantaría de su casa para evitar que su hija se pudiera enamorar de él. En resumen, Jacob era un tipo pesado y antipático.

Pero la triste verdad es que de muchas maneras, vemos mucho de Jacob reflejado en nosotros. Muchas veces cuando yo me miro en el espejo, veo a Jacob. Muchos de nosotros nos parecemos más a Jacob de lo que quisiéramos. Si usted no pudo conservar un trabajo, seguramente fue por culpa de alguien. A lo mejor ha escuchado muchos sermones acerca de la victoria del cristiano, pero usted vive derrotado. Tal vez los fracasos y su miserable vida espiritual lo han impulsado a buscar un cambio, pero usted ha decidido esforzarse más en lugar de confiar plenamente. Reconózcalo, al igual que Jacob, la mayoría de nosotros escoge aprender por las malas.

A veces he pensado que se trataba de un “problema de familia” ya que Labán, su tío, le dio de la misma medicina. Labán le hizo a Jacob lo mismo que él le había hecho a su padre y a su hermano Esaú. Pero no es lo mismo engañar que ser engañado. En esta familia me parece ver aquel principio comunista que dice: “El fin, justifica los medios”.

Pero Jacob era igual a muchos creyentes de nuestros días. Ellos han aprendido a actuar como la gente del mundo. El domingo por la mañana van a la iglesia y cantan al Salvador y al milagro de la cruz y alborotan cantando y casi bailan en los pasillos del templo, y luego viven el resto de la semana, mintiendo, engañando, manipulando, decepcionando y chismeando. Han aprendido a aparentar para obtener ventajas. Para ellos, lo que sucede el domingo en la mañana, no tiene algo que ver con la manera en la que viven su vida durante el resto de la semana.

Muchos viven de esta manera hasta que se les presenta una crisis. Hasta que las cosas que han estado haciendo se vuelven contra ellos. Hasta que lo que han estado sembrando, germina e inunda el campo con trágicas consecuencias. Entonces, se ven atrapados, arrinconados, sin alguna salida posible y entonces claman desesperadamente por Dios…

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