BBC Ministerio Hispano

Seamos agradecidos

Por Dr. Óscar J. Fernández

Génesis 40:20-23 (RVR)
20 Al tercer día, que era el día del cumpleaños de Faraón, el rey hizo banquete a todos sus sirvientes; y alzó la cabeza del jefe de los coperos, y la cabeza del jefe de los panaderos, entre sus servidores.
21 E hizo volver a su oficio al jefe de los coperos, y dio éste la copa en mano de Faraón.
22 Mas hizo ahorcar al jefe de los panaderos, como lo había interpretado José.
23 Y el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó.

José tuvo que lidiar con muchas cosas en su vida, desde la envidia y las burlas de sus hermanos, la esclavitud, la injusticia, la prisión y sobre todo, la gente malagradecida. José era un soñador, y sus hermanos no podían soportar eso. Pero en el pasaje bíblico de hoy vemos una escena en la vida de José que es muy común en estos días, en los que la gente es muy pronta para recibir los beneficios que otros le puedan dar y muy lenta para agradecerlos o reconocer el bien recibido. La mayoría de las personas, por lo general, olvidan los favores recibidos.
Dice el apóstol Pablo: “Así que, recibiendo nosotros un Reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia” Hebreos 12: 28

De manera que lo que Pablo está diciendo es que una consecuencia lógica de nuestra herencia eterna, es que seamos AGRADECIDOS.

Una amiga argentina me escribió un email desde Buenos Aires y se lamentaba de que allá y en otros países hispanoamericanos hubieran adoptado la costumbre de celebrar el día Hallowen y no el día de Acción de Gracias y me decía: “lo que más me duele es ver que haya tanta gente malagradecida”. El asunto es grave, ya que en este país hay muchas personas que ni siquiera piensan en el significado de este día.

El otro día alguien me comento muy enfadado que había invitado a unos amigos a celebrar el Día de Acción de Gracias en su hogar y para su sorpresa, cuando fueron a orar para dar gracias por los alimentos y las bendiciones recibidas en el año, las personas le dijeron que no orara. Me sorprendí a mí mismo, enfadado y con el mejor tono que pude le dije. Mire amigo, si eso me sucede, yo con mucho respeto le diría a esa gente: “Señores, lo siento mucho, pero esta es mi casa y aquí yo soy el que impone las reglas”.

Tal vez las gentes han perdido de vista lo que en realidad implica la palabra GRATITUD. Esta es una palabra que no sólo se dice, sino que se puede ver. La gratitud es visible en la vida de una persona cuando esta se encuentra llena de ella. He ayudado a muchas personas. Algunas han sido muy malagradecidas, pero gracias a Dios, la inmensa mayoría han sido muy agradecidas. Hace más de 20 años que salí de Albuquerque y hay personas que cada año, en más de una ocasión se ponen en contacto conmigo para mostrarme su agradecimiento por algo que hice en favor de ellos. De igual manera, trato de mostrarles mi agradecimiento a aquellas personas que me ayudaron cuando llegue a este país. Para mí, esa es una deuda eterna, impagable. Ellos me ayudaron porque Dios lo puso en sus corazones, no porque yo lo mereciera o hubiera hecho algo para recibir el favor de ellos.

Recuerdo una fría mañana cuando vivía en la ciudad de Albuquerque. Vivía en un tráiler con una familia norteamericana que me había dado una habitación y me había adoptado como a un miembro más de la familia. Éramos muchos y las mañanas eran un reto pues todos tratábamos de estar listos para salir para el trabajo o la escuela. Había mucha actividad en todas partes y sólo dos baños, por lo que debíamos actuar con mucha precisión. Ese día, nos llevamos una sorpresa: ¡No había agua! Cuando pregunté qué pasaba me dijeron que ya Robin estaba afuera resolviendo el problema. Me puse un abrigo y salí para ver si podía ayudar en algo. Doblada para alcanzar un lugar de difícil acceso me encontré a Robin con un secador de pelo, tratando de descongelando la tubería de agua que se habían congelado durante la noche. Ella, con una sonrisa en el rostro me dio una gran lección de gratitud en aquella fría mañana invernal. Ella me dijo: Tenemos que darle gracias a Dios que no se rompieron las tuberías y porque tendremos agua corriente en unos minutos. ¡Eso es GRATITUD! Si observa, se dará cuenta que esto es una actitud. Doy gracias a Dios por la vida que vivió Robin, y por esta lección y otras que nunca olvidaré.

Como cualquier otro hábito, la GRATITUD hay que desarrollarla. Vivir agradecido exige práctica. Cuando encontramos a una persona como Robin, que puede dar gracias a pesar de estar sintiendo temperaturas bajo cero, y encontrarse de rodillas con un secador de pelo calentando tuberías para que los siete varones de la casa puedan afeitarse, lavarse los dientes y algunos bañarse, llegamos a la conclusión de que ella había practicado la gratitud. La gratitud no viene fácil, ni se produce de manera espontánea. Pero se siente muy bien cuando se recibe y es muy dolorosa como cuando el copero se olvidó de lo que le había prometido a José y lo dejó en la cárcel, como si nada hubiera sucedido.

El apóstol Pablo escribió la mayor parte de sus epístolas desde la oscura y tenebrosa celda de una cárcel. Él dice en 1 de Tesalonicenses 5:18: “Den gracias a Dios en cualquier circunstancia. Esto es lo que Dios espera de ustedes como cristianos que son”. (He usado la Biblia en su versión en Lenguaje Sencillo).

Pero hay más. En muchas ocasiones, parece que debemos de perderlo todo antes de aprender a ser agradecidos. Y esta es una lección que hoy es muy actual. La mayoría de los cubanos que vinimos a Estados Unidos tuvimos que dejarlo todo detrás. Me refiero a las cosas materiales y a algunas espirituales. Dejamos nuestras propiedades, nuestras carreras, nuestros familiares, nuestros amigos, nuestras costumbres, nuestra cultura. Este es un precio muy alto que tuvimos que pagar por decidir no vivir más bajo un régimen comunista. Los inmigrantes de otros países han venido buscando tener una mejor forma de vida, y también han tenido que dejar muchas cosas. Y tal vez sería bueno que pensáramos que esta es una oportunidad dada por Dios para enseñarnos a ser agradecidos, aunque algunos no hayan aprendido la lección.

En este día te quiero invitar para que medites un poco y reflexiones. Piensa que Dios, mediante su Espíritu Santo vive en ti, que eres responsable de tomar buenas decisiones. Gracias a nuestro Señor Jesucristo puedes estar seguro de que hay algo grande delante de ti, un plan y un propósito de Dios para tu vida. Y puedes estar seguro porque cuando parecía que no había ningún camino para ti, Jesús te mostró uno. Si tú no has encontrado ese camino, yo te puedo garantizar que si Dios ha hecho, lo que ha hecho por mí, también lo puede hacer por ti, o por cualquier otro.

Hay un aspecto clave en el agradecimiento o gratitud, y es entender que las cosas que recibimos, las recibimos por el amor que alguien siente por nosotros y no porque las merecemos. Tenemos que aprender a sentir gratitud por cada bendición que recibimos en nuestras vidas, sean grandes o pequeñas. No podemos pensar que recibimos porque lo merecemos, no podemos tomar las cosas por sentado, porque no es así.

Dar las cosas por sentado y asumir que nos tienen que dar o servir y ser agradecidos son dos actitudes que se oponen y son contrarias. Cuando usted asume que merece algo que recibe, o que usted se lo ganó, ¡NO AGRADECE! Eso fue lo que hizo el copero del rey y por eso dejó a José en la cárcel. De manera que cada uno de nosotros debe, de forma cuidadosa, cultivar el hábito, asumir la actitud y tomar la costumbre de vivir con gratitud, agradeciendo. Se puede vivir siendo agradecido, o se puede vivir de manera arrogante, pensando que recibimos simplemente lo que merecemos, y a veces, pensando que no tenemos todo lo que debiéramos tener. A eso se le llama SER MALAGRADECIDO.

Déjeme decirle algo más, el gozo y la felicidad no la dan las cosas que se tienen sino la gratitud que se siente por lo que se ha recibido.

Hay un teólogo nombrado David Stiende-Rast que definió así la gratitud:
“La gratitud es la clave para tener una vida feliz y la tenemos al alcance de la mano, porque si NO somos agradecidos, entonces no importa cuánto tengamos, NUNCA seremos felices, porque siempre vamos a querer tener alguna otra cosa, o algo más”.

Yo quiero terminar diciendo que la GRATITUD es un hábito, una actitud, una forma de vida. La familia Glasnoop-Sevier de Albuquerque me mostró el verdadero sentido de la gratitud y me ensenó a ser agradecido. Cuando recibimos algo, siempre habrá cosas para criticar, eso es ser malagradecidos. Cuando perdemos algo, si somos capaces de ver que siempre hay una bendición detrás, entonces estamos comenzando a ser agradecidos. José tuvo que enfrentar al copero malagradecido, pero nunca perdió su fe en su Dios y siempre fue agradecido.

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