BBC Ministerio Hispano

Yo soy el que soy…

Por Dr. Óscar J Fernández

Dios invitó a Su pueblo a reunirse con Él como el Gran Yo Soy, el Soberano Gobernante de toda la creación, usando el nombre que los israelitas no se atrevían a pronunciar: JHVH [Jehová]. Este es el Dios que acababa de liberarlos de la mano de Faraón, pero al mismo tiempo Dios estaba tratando de liberar a Israel de la dependencia de sí mismo, para que aprendiera a depender de Él. ¿Le resulta familiar esa situación? ¡A mí sí! Uno de nuestros mayores problemas es que queremos confiar y depender de nosotros y no de Dios.

Dios escuchó el clamor de los hijos de Israel y sintió compasión por su pueblo y de manera fiel y poderosa comenzó a suplir sus necesidades. Nuestra insuficiencia en la vida no es más que una invitación a experimentar la suficiencia de Dios. Él está siempre atento al clamor y las necesidades de sus hijos. ¿Ha probado usted alguna vez? Tal vez en este preciso momento usted necesite clamar a Dios. Quizás sea el tiempo preciso para que usted deje de confiar en usted y comience a depender por entero de su Dios.

Leamos Génesis 22:14. Aquí aparece Dios identificado como JHVH-Jireh que se traduce como “Jehová proveerá” y justo esa es la lección que se va a presentar ahora una y otra vez en el desierto, para que todo el pueblo de Israel aprendiera a confiar en la provisión de Dios. Me parece que en cierta medida eso es justamente el Tabernáculo, una imagen de lo que Dios provee para sus hijos. ¿Recuerda que le dije que íbamos a caminar con el pueblo de Israel por el desierto? ¿Recuerda que le dije que nuestras vidas también se encontraban atravesando un desierto? Bueno, pues tengo buenas noticias. Dios es el mismo, no ha cambiado ni cambiará. Los seres humanos cambiamos. Nos olvidamos de las bendiciones que Él nos ha dado.

Como el pueblo estaba en el desierto, cada mañana al despertar recordaban que no tenían hogar. Por lo general Dios usa la oscuridad que nos rodea para manifestar su luz en nuestras vidas. En Éxodo 13:17 – 14:31 se nos cuenta la liberación de la esclavitud en Egipto. Al entrar en el desierto el temor se apoderó de los israelitas ante lo desconocido, pero entonces la presencia de Dios se manifestó como una columna de nube en el día y una columna de fuego en la noche. En el desierto Dios suplió todas las necesidades de Su pueblo. JHVH-Jireh proveyó (sí, no se llame a engaño, fue Dios y sólo Él) una columna de nube para guiarlos y protegerlos. Lea con detenimiento Éxodo 14:19-20 para que se maraville con lo que ocurre. ¿Sabe por qué pasó eso? Porque Dios siempre se interpone entre Sus hijos y los enemigos de ellos. ¿No siente un salto en su corazón? Lea Éxodo 14:13-14. ¡Esta promesa se sigue cumpliendo hoy! En Salmos 139:1-6 se muestra la misma provisión de Dios. Observe de manera especial el vv. 5. ¿Se da cuenta de que cuando ha estado en peligros la manos poderosa de Dios le ha envuelto y ha estado sobre usted? ¿Cuántas veces Dios le ha librado de peligros y situaciones difíciles?

Me llama mucho la atención que la Luz que dio claridad al pueblo de Israel causó la calamidad y una gran confusión a sus enemigos. Nuestro Dios le revela Su majestad y su Gloria sólo a aquellos que permiten que Él les quite la venda que les cubre los ojos… Sin embargo, los que se niegan a ver, están ciegos a la actividad de Dios.

¿Contra qué enemigo tiene que combatir usted? Invite a Dios a interponerse entre usted y sus enemigos. Él es poderoso y desea protegerle y pelear por usted. Dios en un sólo día había mostrado Su poder a Israel, y tal vez por esta razón el pueblo temió, fíjese lo que dice Éxodo 14:31. En Éxodo 15:1-21 se registra la canción que Moisés y el pueblo cantaron.
Me encanta la imagen que pinta Éxodo 15:20 de María, la hermana de Aarón. Salió a cantar con júbilo y alegría para alabar a su Dios. ¿Cómo adoras tú a Dios? No era para menos, Eran libres después de muchos años de esclavitud… ¿Cuánto tiempo lleva usted esclavizado? ¡Dios también quiere liberarle a usted! Lo mismo que hizo con el pueblo de Israel está listo para hacerlo por usted. Tal vez usted, ni siquiera se haya percatado de su esclavitud.
Pídale a Dios que abra los ojos de su entendimiento para poder ver la esclavitud en la que se encuentra y pídale a Dios que le libre de ella para que pueda ver Su Gloria. El apóstol Pablo en Efesios 1:18 nos insta a hacer eso.

En Éxodo 15: 22-27 se nos presenta Dios diciendo: “Yo soy Jehová tu sanador”: JHVH-Raphey. Ahora el pueblo comienza a experimentar una sed abrazadora. El polvo del desierto reseca las gargantas y el sol parte los labios. El pueblo sentía sed y después de andar por tres días, por fin encontraron agua. Pero Dios les tenía preparada una sorpresa: ¡El agua era imbebible! El agua estaba amarga. ¿Se imagina la frustración del pueblo? Encontrar agua después de tanto andar y que sea “prácticamente inservible”. Pero había algo que el pueblo ignoraba y es que Dios muchas veces escoge satisfacer nuestras necesidades de una manera inesperada, y en algunas ocasiones insólita.

Por favor fíjese en este hecho: la columna de nube guiaba al pueblo durante el día, así que cuando la sed los hacía sentirse desfallecer, Dios los llevó hasta la fuente de aguas amargas. De manera que no llegaron hasta donde estaba esta agua imbebible por casualidad. No fue que Dios se equivocara o que Moisés no prestara atención a las indicaciones que le dieron de hacia dónde se debía dirigir.
¿Tendría Dios algún propósito con esto? ¡Yo estoy seguro que sí! Dios tenía un propósito para Su pueblo y tiene un propósito para usted y para mí. ¿Alguna vez le ha permitido Dios que usted pruebe su amargura? La amargura muchas veces no se nota a simple vista, se percibe cuando se prueba. Las aguas de Mara invitaban a sumergirse en ellas, a tomarlas, parecían tan frescas; sin embargo, eran amargas.

Lea Éxodo 15:25. ¿Por qué cree que Dios mandó que arrojaran un árbol para hacer que las aguas se convirtieran en aguas dulces y tomables? 1 Pedro 2:24 nos da una “pista”. ¿Se da cuenta que fue por medio de “un árbol” que en el Calvario todas las aguas amargas de todos los tiempos fueron hechas dulces?
Es sólo cuando invitamos al que fue clavado en “ese árbol” a zambullirse en nuestros corazones, que podemos comenzar a conocer la frescura del agua dulce. El árbol de Éxodo 15:25 se sumergió en el agua y absorbió toda la amargura existente para dejar dulce el agua.
De la misma manera, nuestro Salvador purificó de inmediato las aguas amargas de nuestras vidas por medio de su sacrificio perfecto, cuando todos los pecados de la humanidad se acumularon sobre Él (2 Corintios 5:21). Y es por eso que ahora, por medio de Él, nuestro espíritu se puede teñir del mismo color que el Espíritu de Cristo y volverse: ¡Blanco como la nieve! Observe algo más, el árbol debía ser CORTADO para poder ser lanzado en el agua para absorber la amargura. Jesús tuvo que ser cortado de la tierra, veamos Isaías 53:8

En Éxodo 15:26 Dios se presentó como JHVH-Raphey que traducido es Jehová tu Sanador; y mostró Su poder sobre la enfermedad más común y más extendida en la humanidad: ¡La amargura! Esta enfermedad es tan común y contagiosa que se la transmitimos a nuestros hijos. Hay muchos cristianos que tratan de enmascarar su amargura haciendo cosas. Siempre se les ve haciendo algo “bueno”. Pero el problema es que la amargura no se puede pasar por alto, ni se puede ignorar. Hay que sanarla de raíz y sólo Cristo puede hacerlo. Otras personas pueden encaminarlo hasta Jesús, pero usted es el que tiene que asistir a la cita. Usted tiene que conocer personalmente al Sanador y pedirle que le sane.

Después de Mara los israelitas fueron a otro lugar completamente diferente. Lea Éxodo 15:27. ¿Se da cuenta que después de Mara viene Elim? Para los que confían en Dios, siempre después de un Mara Él nos conduce a un Elim. En este lugar había doce fuentes y 70 palmeras. Observe que se dan dos cifras: 12 y 70. Dios vuelve a unir estos números en los Evangelios, leamos Lucas 9:1 y 10:1. Los Doce salieron a representar a Cristo y de ellos surgieron 70 obreros listos para la cosecha. Si queremos que Dios use al máximo nuestros dones tenemos que acampar junto a las fuentes de la “sanidad”, hay que desechar la amargura de nuestras vidas Y para sanar, necesitamos comenzar por perdonar. ¿Ha escuchado alguna vez a alguien decir: “Yo perdono pero no olvido”?
Lamentablemente en muchas iglesias cristianas hay más de una persona que practica este principio. ¿De dónde tomaron esta idea? De seguro que no fue de la Biblia. Déjeme decirle algo: Satanás es el padre de la amargura, del resentimiento, del odio, de la envidia y de muchas cosas más que florecen con la amargura.

Lea Isaías 55:1-3 y el 6 en la mayoría de la ocasiones las experiencias difíciles nos enseñan más que los castigos. Lea Salmos 63:1 y Salmos 147:3. Estoy convencido de que la sanidad es un esfuerzo que hay que realizar en conjunto. Dios siempre va a hacer su parte, pero es necesario que usted haga la suya.
Recuerde que al otro lado del Mara le esperan la paz, las aguas dulces y cristalinas y las hermosas palmeras de Elim que se bambolean con el suave viento que refresca. Permítale a Dios que le lleve allí. No haga resistencia. Saque toda la amargura de su corazón. Perdone a todos los que le hayan ofendido y busque a Dios como lo hizo el primer día que lo conoció y se entregó a Él.

Éxodo 16 sigue contando la maravillosa historia de la provisión de Dios para su pueblo, pero de eso hablaremos mañana.

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