BBC Ministerio Hispano

Dios es nuestro proveedor

Por Dr. Óscar J Fernández

Éxodo 16:1-16, 31-34

Partieron de Elim, y toda la congregación de los Israelitas llegó al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, el día 15 del segundo mes después de su salida de la tierra de Egipto.
Y toda la congregación de los Israelitas murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto.

Los Israelitas les decían: “Ojalá hubiéramos muerto a manos del SEÑOR en la tierra de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos. Pues nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.”
Entonces el SEÑOR dijo a Moisés: “Yo haré llover pan del cielo para ustedes. El pueblo saldrá y recogerá diariamente la porción de cada día, para ponerlos a prueba si andan o no en Mi ley.
“Y en el sexto día, cuando preparen lo que traigan, la porción será el doble de lo que recogen diariamente.”

Entonces Moisés y Aarón dijeron a todos los Israelitas: “A la tarde sabrán que el SEÑOR los ha sacado de la tierra de Egipto.
Por la mañana verán la gloria del SEÑOR, pues Él ha oído sus murmuraciones contra el SEÑOR. ¿Qué somos nosotros para que ustedes murmuren contra nosotros?”
Y Moisés dijo: “Esto sucederá cuando el SEÑOR les dé carne para comer por la tarde, y pan hasta saciarse por la mañana; porque el SEÑOR ha oído sus murmuraciones contra Él. Pues ¿qué somos nosotros? Sus murmuraciones no son contra nosotros, sino contra el SEÑOR.”

Entonces Moisés dijo a Aarón: “Dile a toda la congregación de los Israelitas: ‘Acérquense a la presencia del SEÑOR, porque Él ha oído sus murmuraciones.'”
Mientras Aarón hablaba a toda la congregación de los Israelitas, miraron hacia el desierto y, vieron que la gloria del SEÑOR se apareció en la nube.

Y el SEÑOR habló a Moisés y le dijo:
“He oído las murmuraciones de los Israelitas. Háblales, y diles: ‘Al caer la tarde comerán carne, y por la mañana se saciarán de pan. Sabrán que Yo soy el SEÑOR su Dios.'”
Por la tarde subieron las codornices y cubrieron el campamento, y por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento.
Cuando la capa de rocío se evaporó, había sobre la superficie del desierto una cosa delgada, como copos, menuda, como la escarcha sobre la tierra.
Al verla, los Israelitas se dijeron unos a otros: “¿Qué es esto?,” porque no sabían lo que era. “Es el pan que el SEÑOR les da para comer,” les dijo Moisés.
“Esto es lo que el SEÑOR ha mandado: ‘Cada uno recoja de él lo que vaya a comer. Tomarán como dos litros por cabeza, conforme al número de personas que cada uno de ustedes tiene en su tienda.'”

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31 La casa de Israel le puso el nombre de maná; y era como la semilla del cilantro, blanco, y su sabor era como de hojuelas con miel.
“Esto es lo que el SEÑOR ha mandado,” dijo Moisés: “Que se guarden unos dos litros llenos de maná para sus generaciones, para que vean el pan que Yo les di de comer en el desierto cuando los saqué de la tierra de Egipto.”

Entonces Moisés dijo a Aarón: “Toma una vasija y pon en ella unos dos litros de maná, y colócalo delante del SEÑOR a fin de guardarlo para las generaciones de ustedes.”

Tal como el SEÑOR ordenó a Moisés, así lo colocó Aarón delante del Testimonio para que fuera guardado.

Veo dos asuntos en este pasaje. El primero es la queja de la gente en contra de Moisés, que en definitiva lo que refleja es la falta de fe en Dios y una gran falta de respeto hacia Moisés y Aarón.

El segundo asunto es que ellos en realidad tenían una necesidad legítima de alimentos. Algunas veces cuando escuchamos a una persona quejándose al punto de gimotear por sus problemas y las dificultades que enfrenta, somos dados a olvidar la queja por considerar que en realidad el problema es que esa persona es débil y que solo se preocupa por sus propios problemas. No hay dudas que algunas veces este es el asunto, pero en el caso que estamos analizando, el problema del hambre era una necesidad muy real y en verdad constituía una gran amenaza para la sobrevivencia del pueblo que se encontraba en medio del desierto.

Es verdad que el pueblo de Israel debió de haber planteado el problema de la falta de alimentos sin sarcasmos ni falta de fe. Observe lo que le dicen a Moisés y a Arón: “…nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud”. Pero si en verdad esto es cierto, considero que lo más importante no es que fijemos nuestra atención en las quejas del pueblo, pues eso pudiera llevarnos a perder otras importantes lecciones que encierra este episodio, como es el hecho de que PODEMOS confiar en Dios para que supla nuestras NECESIDADES cotidianas.

Dios es fiel en cumplir sus promesas. No digo que supla nuestros caprichos o gustos. Yo les puedo garantizar que he enfrentado situaciones en mi vida, en las que he tenido que depender por entero de Dios para poder suplir mis necesidades diarias. Cuando solicité asilo político en los Estados Unidos, quedé en un “limbo migratorio” en espera de que el Departamento de Inmigración pasara mi expediente a una Corte de Inmigración y un juez de inmigración decidiera si mi caso reunía los requisitos legales para ser considerado como un caso de asilo político por la corte de inmigración de la ciudad de Houston en Texas. Durante ese tiempo de espera, que se prolongó durante varios meses, no tenía autorización para trabajar, ni podía aplicar a algún programa de ayuda estatal o federal.
Trabajaba con unos hermanos de la iglesia que tenían un taller de mecánica, pero sin recibir ni un centavo como pago. Ellos me daban el almuerzo y la comida. Dios cuidó de mis necesidades con esmero durante este tiempo. Puedo decir que nada necesario me faltó. Él usó a muchos hermanos y hermanas para suplir mis necesidades más elementales. En verdad nuestro Dios es un Dios admirable y sorprendente.
No recuerdo aquel tiempo con tristeza sino como uno de los mejores tiempos que he vivido en mi vida, pues cada día pude sentir el obrar directo de Dios en mi vida y en mis circunstancias. Recuerdo que el día que la Corte Federal de Inmigración de la ciudad de Houston dio el fallo concediéndome asilo político en los Estados Unidos de América, los veintiséis casos precedentes habían sido negados en esa mañana, y cuando la oficial de Inmigración me notificó el fallo que la corte había acordado en mi caso me dijo: “No hay dudas de que usted es un hijo de Dios”.

Se ha percatado de que es justo en este pasaje del libro de Éxodo en el que vemos por primera vez la aparición del maná. No existía alguna palabra en hebreo o en algún otro idioma del mundo para describir aquello, porque simplemente el mundo nunca había visto algo semejante. Las provisiones de Dios son sorprendentes, maravillosas y siempre suficientes para cubrir nuestras necesidades y muchas veces son originales y únicas.

El maná fue un alimento milagroso provisto por Dios, enviado desde el cielo de las “despensas celestiales” que sirvió de alimentación al pueblo de Israel, en el desierto, durante cuarenta años. Esta especie de pan, descendía cada día, y el pueblo podía recoger lo necesario para cubrir las necesidades de ese día. Era como “recibir pan fresco, acabado de hornear, en la panadería celestial”.
El maná es un buen recordatorio de que Dios nos proveerá lo que necesitemos cada día. Ni más ni menos, solo lo necesario. Si recordamos la oración modelo (Mateo 6:11), vemos que Jesús enseñó a sus discípulos a pedir por el pan de cada día. No por lo que pudieran necesitar para los próximos diez años. A lo que hoy llamamos “provisión” (acumular para el futuro) en los tiempos de Jesús se le llamaba “FALTA DE FE”. El asunto, aunque difícil de entender y de aceptar, es muy simple: Dios desea que confiemos en Él y no en lo que podamos almacenar o guardar en el banco. ¡Las provisiones de Dios no se pueden acumular!

El apóstol Pablo llama al maná “alimento espiritual” y nos recuerda que haber participado de la provisión del alimento espiritual, no es una “garantía” de contar con la aprobación de Dios. Justo este pasaje que estamos estudiando nos muestra que la generación de Israel que comió del maná en el desierto, también murió en el desierto sin poder entrar en la tierra prometida:
1 Corintios 10:1-5 dice:
“No quiero que ignoréis, hermanos, que todos nuestros padres estuvieron bajo la nube, y que todos atravesaron el mar. 2 Todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar. 3 Todos comieron la misma comida espiritual. 4 Todos bebieron la misma bebida espiritual, porque bebían de la roca espiritual que los seguía; y la roca era Cristo. 5 Sin embargo, Dios no se agradó de la mayoría de ellos; pues quedaron postrados en el desierto. (RVA)

Ahora observe lo que dice Juan 6:49: “Entonces Jesús tomó los panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los que estaban recostados. De igual manera repartió de los pescados, cuanto querían”.

¿Qué tienen que ver estos dos pasajes entre sí? ¿Cómo se relacionan? ¿Hay algo en común? Observe bien y verá que tienen mucha relación entre sí. Dios proveyó para el pueblo de Israel, pero no les permitió que almacenaran o acumularan sus provisiones. Él les daba justo lo necesario, ni más ni menos, pero el pueblo murió en el desierto debido a su FALTA DE OBEDIENCIA a los mandatos de Dios. Lo que quiero decir es que el hecho de que hayamos recibido los favores y las bendiciones de Dios, no implica que podamos pensar que eso está “garantizado”. No podemos vivir nuestra vida a nuestra manera, separados de Dios, haciendo nuestra voluntad, complaciendo nuestros caprichos, y esperar que Dios nos dé lo que necesitamos. Nuestra vida debe estar a tono con la voluntad de Dios, tenemos que estar sintonizados en su “frecuencia” y no en la nuestra.

Dios es fiel, nosotros también tenemos que ser fieles a Él.

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