BBC Ministerio Hispano

Cuando las cosas no salen bien

Por Dr. Óscar J Fernández
Éxodo 17:1-16Toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin, para continuar sus etapas, según el mandato de Jehovah; y acamparon en Refidim, donde no había agua para que el pueblo bebiese. El pueblo altercó con Moisés diciendo:

—¡Danos agua para beber!
Moisés les dijo:
—¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué ponéis a prueba a Jehovah?
Así que el pueblo sediento murmuró allí contra Moisés diciendo:
—¿Por qué nos trajiste de Egipto para matarnos de sed, a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?
Moisés clamó a Jehovah diciendo:
—¿Qué haré con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.
Jehovah respondió a Moisés:

—Pasa delante del pueblo y toma contigo a algunos de los ancianos de Israel. Toma también en tu mano la vara con que golpeaste el Nilo, y vé. He aquí, yo estaré delante de ti allí sobre la peña de Horeb. Tú golpearás la peña, y saldrá de ella agua, y el pueblo beberá.
Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel. Y llamó el nombre de aquel lugar Masá y Meriba, por el altercado de los hijos de Israel y porque pusieron a prueba a Jehovah, diciendo: “¿Está Jehovah entre nosotros, o no?”
Entonces vino Amalec y combatió contra Israel en Refidim. Y Moisés dijo a Josué:
—Escoge algunos de nuestros hombres y sal a combatir contra Amalec. Mañana yo estaré sobre la cima de la colina con la vara de Dios en mi mano.
Josué hizo como le dijo Moisés y combatió contra Amalec, mientras Moisés, Aarón y Hur subieron a la cumbre de la colina. Sucedió que cuando Moisés alzaba su mano, Israel prevalecía; pero cuando bajaba su mano, prevalecía Amalec. Ya las manos de Moisés estaban cansadas; por tanto, tomaron una piedra y la pusieron debajo de él, y él se sentó sobre ella. Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro del otro lado. Así hubo firmeza en sus manos hasta que se puso el sol. Y así derrotó Josué a Amalec y a su pueblo, a filo de espada. Entonces Jehovah dijo a Moisés:
—Escribe esto en un libro como memorial, y di claramente a Josué que yo borraré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.
Moisés edificó un altar y llamó su nombre Jehovah-nisi. Y dijo:
—Por cuanto alzó la mano contra el trono de Jehovah, Jehovah tendrá guerra contra Amalec de generación en generación.

Al igual que ocurrió junto a las aguas de Mara (Éxodo 15:22-27) el pueblo de Israel estaba sufriendo por la falta de agua en Refidim. Antes de hacer juicios piense que estaban en el desierto. Este es un lugar inhóspito, el terreno es un fino polvo rojizo que el aire es capaz de levantar al punto que se puede ver como una nube a muchas millas de distancia. Ese polvo se mete en la garganta y la nariz y hace aún más apremiante la necesidad de beber. El sofocante calor del desierto y la falta absoluta de humedad hacen que cada célula del cuerpo pida a gritos un sorbo de agua.
Esta era la situación. No era una imagen poética ni una idea. Era una situación crítica y apremiante. Una situación real. De manera que la situación se presentaba muy tensa y mucho más grave que en Mara. Aparentemente el suministro de agua era tan escaso que el pueblo estaba desesperado y la situación comenzó a volverse peligrosa. Moisés tenía la impresión de que en esta ocasión el pueblo sería capaz de levantarse en contra de él. Observe como él dice: “serán capaces de apedrearme”. Los incidentes de Éxodo 15:22-27 fueron tan graves que le dieron nombre al lugar, llamado Mara por el amargor de las aguas. El evento de Refidim le dieron un nuevo nombre al lugar: “Masa” que quiere decir “prueba” y “Meriba” que quiere decir “contención” llamados así por la ira del pueblo, que probó a Dios y se enemistó con Moisés. Pienso que en Mara podemos ver la amargura de las aguas mientras que Masa y Meriba podemos ver la furia de los israelitas.

Este incidente me parece que es una evidencia clara de la inconstancia de la gente. El pueblo había estado dispuesto a seguir a Moisés para salir de la esclavitud, así como aceptar el oro de los egipcios, pero ahora ellos enfrentaban el problema de la falta de agua y estaban listos para amotinarse contra Moisés. Las palabras de Moisés me parece que revelan la misma frustración que muchas veces sentimos cuando trabajamos y luchamos y a cambio recibimos ingratitud. ¡Qué voy a hacer con esta gente! ¿Ha tenido alguna vez una pregunta similar acerca de un grupo o de una persona en particular? Me parece ver con claridad que Moisés estaba asustado y desesperado por el comportamiento del pueblo. Pero no debemos mirar a un solo lado de la historia, la situación del pueblo era desesperada. La gente y los animales pueden vivir un breve tiempo sin agua y la sed evidentemente turbaba su capacidad de pensar y razonar para actuar de una manera civilizada. Este episodio, sin lugar a dudas, nos muestra una crisis real y difícil, el pueblo viviría por muy poco tiempo si no lograban conseguir agua.

No sé si se ha percatado de que en esta ocasión Dios no habla con enfado ni hace alguna reprensión al pueblo. Dios solo le dice a Moisés: “Pasa delante del pueblo y toma contigo a algunos de los ancianos de Israel”. En otras palabras, toma contigo a tus asesores, a tus líderes y vayan hasta la peña y golpéala. Debo aclarar que la palabra hebrea que se traduce aquí como “peña” frecuentemente tiene asociado el significado de un acantilado o una pared rocosa de una montaña, que tiene más sentido que pensar en una pena aislada en el terreno. Cuando Moisés hizo lo que Dios le había indicado, salió agua de la pared rocosa. Los “ancianos” habían ido para ser testigos, para testificarle al pueblo que Dios estaba con ellos, que seguía haciendo maravillas y que Moisés era su líder y el “brazo de Dios” para obrar en el pueblo.

Por lo general cuando Dios obra en nuestras vidas y provee, no tenemos problemas para aceptar su intervención en situaciones similares, si estas se repiten y confiar en que Él es suficiente para cubrir nuestras necesidades.

De pronto el texto bíblico salta y nos presenta a los amalecitas en 17:8. Por lo que podemos ver en toda la Biblia, los amalecitas eran guerreros semi-nómades del desierto que andaban por el sur y el este de Israel. Probablemente arabia fuera su país de origen. Eran una especie de bandas de piratas del desierto que aparecían y atacaban dondequiera que hubiera señales de prosperidad. En este pasaje no se nos dan las razones por las que los amalecitas atacaron a Israel. Tal vez pensaron que Israel estaba invadiendo sus territorios, o tal vez creyeron que era una buena oportunidad para adquirir ganado, un botín y gente que vender como esclavos.

Probablemente haya habido muchas escaramuzas y redadas hechas por los amalecitas antes de la batalla que se describe en los versículos 9-13. Algunas veces los amalecitas atacaban montados en camellos, pero no sabemos si en esta batalla ellos andaban en camellos. No sabemos nada del campo de batalla o de las tácticas empleadas. Solo sabemos que se produjo a los pies de una elevación desde donde Moisés podía observar la batalla. Militarmente los amalecitas eran un buen partido para los israelitas. El pasaje bíblico nos deja percibir que la batalla fue larga y una pelea difícil y que el que prevalecía cambió varias veces durante el curso de la batalla.

El factor decisivo de la batalla no era el tamaño de las tropas, su estrategia de batalla o armamento, o la topografía del terreno; sobre esto la Biblia no menciona algo, sino se nos dice que Israel vencía cuando Moisés ponía en alto su vara. Esto nos puede sonar extraño a nosotros. ¿Hacía falta que Moisés alzara la vara para que Dios obrara a favor del pueblo de Israel? ¿Tenía la vara ciertos poderes mágicos? La respuesta es NO. Aunque esto parezca una tontería, en el museo que está en la Mezquita Azul, en Estambul en Turquía, hay una vitrina en la que se exhiben varios “objetos sagrados” para los musulmanes, y entre ellos está una corta vara de bambú que ellos anuncian como “la vara de Moisés”. Este es el lugar más visitado por los musulmanes en el mundo, después de la ciudad de La Meca. Aunque la autenticidad de la vara es muy discutible y no creo que en verdad ningún observador o investigador serio daría como auténtica a la misma, am pesar de eso hay quienes le asignan poderes sobrenaturales a esa vara.

Pero esta batalla le dio una gran enseñanza al pueblo de Israel y hoy también nos enseña a nosotros un gran principio. Para el pueblo de Israel la victoria se producía cuando Moisés levantaba la vara recordándole así al pueblo que su bienestar y éxito dependían por entero de Dios y que Él usaba los instrumentos que había elegido: Moisés y los ancianos. El pueblo no podía marchar por sí mismo o seleccionar a otro líder (desafortunadamente el pueblo Israel nunca aprendió bien esta lección).

A nosotros esta historia nos enseña que no podemos ignorar o desobedecer lo que Dios nos enseña sobre cómo obtener su ayuda. Dios puede ayudar y obrar en nuestro favor sin que nos tengamos que molestar en orar. ¡Claro que Dios puede hacerlo! Él es Dios, pero sin embargo ¡Él espera que oremos!

La lección que aprendemos hoy de este pasaje es que Dios ayudará a su gente cuando enfrente situaciones desesperadas si acuden a Él. Podemos confiar en que Dios estará allí por nosotros en las situaciones más desesperadas que se nos puedan presentar, aunque parezca que las cosas no tienen remedio ni solución. Nuestro Dios es milagroso y sorprendente y quiere ayudar a sus hijos a superar lo insuperable para el hombre. ¡Acude a Él hoy, y entrégale tu carga!

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