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Los Diez Mandamientos

Por Dr. Óscar J Fernández

Éxodo 20: 1-11

1Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: 2Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.
3No tendrás dioses ajenos delante de mí.
4No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 5No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 6y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.
7No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.
8Acuérdate del día de reposo para santificarlo. 9Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; 10mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. 11Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.

Observe que los Diez Mandamientos se introducen con una afirmación por parte de Dios: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre”. Es simple: Tenemos que obedecer a Dios porque Él es Dios y porque ha mostrado su amor y misericordia hacia nosotros. Los primeros cuatro mandamientos establecen nuestra responsabilidad con Dios mismo, en los seis mandamientos restantes nuestra obediencia a Dios se expresa en la manera en la que tratamos y nos relacionamos con los demás.

Preste mucha atención, porque el primer MANDAMIENTO establece un punto que no admite falsas interpretaciones, ni que tomemos algún atajo: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”. ¿Se percató que es una petición de FIDELIDAD? Al pueblo de Israel no se le permitía mezclar la adoración al Señor (JHVH) con la adoración a Baal, Osiris o algún otro dios de las deidades egipcias o de las deidades de la antigüedad. A ellos no se les permitía enseñar o practicar esas religiones, para evitar que pudieran influir en la doctrina de los israelitas. Ellos solo debían adorar al Dios de Israel, y hacerlo de la manera que Él se los mandaba. Esta es la razón por la cual Deuteronomio 18:9-20 advierte en contra de seguir alguna de las enseñanzas o prácticas de las naciones paganas y establece que los adivinos, y “profetas” que traten de que la gente vaya tras los falsos dioses, reciban la muerte.

El segundo Mandamiento: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”, prohibía el uso de cualquier medio artístico para representar a Dios. De manera que Dios no podía ser representado como un hombre, una mujer o cualquiera otra creatura como un buey, una rana o cualquier objeto de la naturaleza, como el sol o la luna. Las imágenes no podían ser usadas para adorarlas o para meditar. Este mandamiento no prohibía la creación de obras de arte, sin embargo, el pueblo de Israel nunca desarrolló las artes visuales como algunas naciones paganas, como Grecia, y Egipto. Solo se prohibía el uso de imágenes que pretendieran representar a Dios, o algún otro dios. Si vamos más lejos, observe que el mandamiento no prohíbe la representación de los ángeles, siempre que ellos no sean el objeto de la adoración. Observe que en el Tabernáculo, sobre el Arca del Pacto había dos querubines, y el velo habían querubines bordados sobre el velo que separaba el lugar Santo del lugar Santísimo. Tampoco Dios prohibió el uso de objetos que sirvieran para representar de forma abstracta asuntos como la fe, como por ejemplo la Menora, cuya representación se usó en las sinagogas hasta los tiempos de Jesús y que es el símbolo oficial del nuevo estado de Israel.
Por lo general, nadie reverenciaba o adoraba a los ángeles o los querubines, ni a la Menora.

El tercer mandamiento: “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano”, prohibía usar su Nombre para cualquier propósito profano. Por supuesto que esto incluía mentir después de haber prestado un juramento en el nombre de Dios, usar el nombre de Dios para chistes o jaranas así como cualquier irreverencia acerca del nombre de Dios. El pueblo de Israel con el tiempo se esforzó en cumplir este mandamiento hasta el punto de negarse a pronunciar el nombre de Dios, (puede ver mi serie de estudios bíblicos sobre los nombres de Dios que aparecen en los archivos de esta página) pero esta no fue la intención inicial de este mandamiento.

El cuarto mandamiento: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”, requiere que por cada seis días de trabajo haya uno de reposo. El sábado no fue instituido como un día para la adoración, pero la tradición de asistir a la sinagoga los sábados, llegó a convertir los sábados en eso. Era una conmemoración de que Dios había descansado el séptimo día de la semana de la creación (Éxodo 20:11) y que Él había sacado a Israel de la esclavitud (Deuteronomio 5:15). La observación del sábado era un testimonio de reconocimiento al hecho de que los seres humanos habían sido hechos a la imagen de Dios y que debían seguir el “principio del sábado”, es decir, trabajar seis días y descansar uno. Para el pueblo de Israel era un recordatorio que toda vez que Dios les había librado de la esclavitud en Egipto, ellos debían trabajar seis días y descansar un día cada semana.

Porque Él nos ama a todos por igual, Éxodo 20: 12-17

12Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.
13No matarás.
14No cometerás adulterio.
15No hurtarás.
16No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
17No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

Dios nos ama y desea que tengamos una vida tranquila y placentera en una sociedad bien organizada y justa. Los mandamientos cinco al diez, se concentran en el comportamiento que debemos de tener unos con otros. Estas normas no fueron establecidas arbitrariamente, si desobedecemos las mismas, esto producirá decadencia y dolor a las personas y a la sociedad en su conjunto. Estos mandamientos son una evidencia del amor que Dios siente por nosotros.

El quinto mandamiento dice: “Honra a tu padre y a tu madre”… Este mandamiento, no solo es adecuado en sí mismo, sino que nos enseña a respetar a las autoridades en general. Aquellos que aprenden a respetar a su padre y su madre, también respetarán las leyes y el gobierno y no tendrán que temer por violar las leyes. Serán respetuosos de las leyes laborales por lo que podrán prosperar en sus trabajos. Esto nos permite entender la segunda parte del versículo: “para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”.

El sexto mandamiento dice: “No matarás”, prohíbe quitar la vida a algún ser humano. La violación de este mandamiento obviamente acarrea inseguridad y caos, no puede haber paz a menos que sea respetado.

El séptimo mandamiento dice: “No cometerás adulterio”. Escueta y simplemente establece que se respete el matrimonio de uno y los matrimonios ajenos. Uno nunca debe tener relaciones sexuales con alguien diferente a su esposo o esposa. La fidelidad en el matrimonio conserva a las familias y es una enseñanza de inestimable valor para las nuevas generaciones, sobre la pureza sexual. El adulterio trae luchas y peleas a la vida familiar y por lo general termina en el divorcio creando un verdadero caos para los hijos que por lo general ven un conflicto entre su amor y la lealtad a sus padres, asumiendo ideas erróneas acerca de la pureza y las relaciones sexuales.

El octavo mandamiento: “No hurtarás”, prohíbe cualquier clase de hurto, es decir: fraude, robo, estafa, engaño para pagar menos impuestos, malversación, confiscación indebida de riquezas, y en general cualquier tipo de deshonestidad y engaño realizados con el propósito de obtener ganancias. Este mandamiento establece el deber de respetar el derecho de propiedad ajeno. Si este mandamiento no se respeta, nadie en la sociedad puede estar seguro y entonces, una actitud de sospecha y corrupción permea todos los aspectos de la vida. Las personas llegan a creer que pueden tomar lo que necesiten y seguir su camino tranquilamente.

El noveno mandamiento dice: “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio”, prohíbe mentir ante un tribunal, y también es aplicable en los negocios, la escuela, la universidad o en el ejército. La mentira se prohíbe en muchas partes de las Escrituras, pero este mandamiento se refiere específicamente al “falso testimonio” contra nuestros prójimos. Esto se aplica a la determinación de culpabilidad. La determinación de quien está equivocado o no en una disputa, dependen enteramente de la honestidad con la que la gente responda. Este mandamiento también se puede aplicar al que se esfuerza por torcer la verdad o alterar los hechos para influir en otros en beneficio propio o de su causa. La sociedad se desintegra cuando la gente se vuelve cínica y deja de creer en la justicia o en las instituciones públicas.

El décimo mandamiento establece: “No codiciarás” y este mandamiento se concentra exclusivamente en los sentimientos ocultos del corazón. Sigue de manera explícita aclarando las cosas que están prohibidas codiciar, y tal vez sea este el mandamiento más violado. Dice: “la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno”, pero esto son solo ejemplos. Es obvio de que hay infinidad de cosas que la gente puede codiciar, se aclara: “ni cosa alguna de tu prójimo”. Uno de los sentimientos más corrosivos y dañinos es la envidia y esta es el resultado de codiciar lo ajeno y termina en adulterios, crímenes, robos y resentimiento en contra de Dios.

Tanto en los días de Moisés, como hoy día, cuando cumplimos lo establecido en los Diez Mandamientos testificamos acerca del carácter y la naturaleza de Dios y de lo que el exige de su pueblo dado sus valores.

Alzo mi voz en una oración a Dios pidiéndole que Él le ayude a usted y que me ayude a mii para vivir de acuerdo con la voluntad y los mandamientos de Dios.

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