BBC Ministerio Hispano

Un Dios que ama al hombre

Por Dr. Óscar J Fernández

El Tabernáculo revela el deseo que tiene un Dios Santo de habitar entre los hombres.
En Éxodo 25:8 Jehová [JVHV] le da una orden a Moisés:

“Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos”
וְ 1 עָשׂוּ 2 • מִקְדָּשׁ 5 ל 3 ִי 4 וְ 6 שָׁכַנְתִּי 7 בְּ 8 תֹוכ 9 ← ָם 10 ו עשׂה מקדשׁ ל אני ו שׁכן ב תוך המה

Este un mandato preciso, no una sugerencia pero encierra una promesa preciosa: “Habitar en medio del pueblo”. De eso en definitiva es que trata y en eso se basa el Tabernáculo. No es ni más ni menos que el deseo de Dios de tener una compañía cercana con el hombre.

Leamos Éxodo 25:1-2 y 8-9.

El Tabernáculo sería levantado siguiendo las divinas indicaciones precisas. Nada se deja a la improvisación o a la imaginación. Dios reclama que tuvieran en cuenta hasta los más mínimos detalles. La palabra hebrea que se traduce como santuario es “misgdash” y significa cosa o lugar consagrado o santo. La palabra hebrea que se traduce como Tabernáculo es “mishkan” y la misma implica la idea de una residencia. Pero esta palabra no suele asociarse con el esplendor. Es usada para señalar la “residencia” de un pastor o también se usa en los casos en los que una cueva pudiera servir de residencia.

El Tabernáculo fue el lugar en el que Dios decidió habitar con su pueblo. Fue su decisión y su deseo y Él mismo hizo el diseño. Tal vez debamos pensar en la similitud que este hecho tiene con nuestras vidas, ya que aun en nuestro peregrinar por el desierto, al que nos ha llevado nuestra rebelión, Dios ha decidido morar con nosotros. ¡Es también su decisión, no la nuestra!

Observe cómo este deseo de Dios de estar con los seres humanos, incomprensible para nosotros, es natural para Dios. En 2 Corintios 5:18 se nos explica lo que representaba el Tabernáculo en el desierto. En Cristo, Dios nos ha dado a nosotros el ministerio de la reconciliación. ¿Por qué era necesario tener un lugar en el que Dios pudiera habitar entre la gente? Lea Génesis 3:9. ¿Qué preguntó Dios? ¿Por qué cree que Dios hizo la pregunta? ¿No le parece que es más bien un asunto retórico?
Claro que Dios sabía dónde estaba el hombre y también sabía lo que había hecho. Por algo es Dios. Nada escapa de su vista. ¿Dónde está usted ahora? Tal vez usted mismo no lo sepa, pero Dios sí lo sabe. Así como Dios deseó tener compañía con sus primeras criaturas, también hoy busca tener compañía con nosotros.

Vea Génesis 3:18. ¿Se fija en la consecuencia del pecado? Pero el peso de esta maldición cayó sobre otro. Vea Mateo 27:29. Hagamos ahora una comparación con Lucas 22:42 y 2 Cor. 12.7. Tal vez en muchas ocasiones se haya preguntado ¿qué hace usted aquí?
Leamos: 2 Crónicas 16:9; Apocalipsis 4:11; e Isaías 43:7. Observe un detalle: Dios no nos creó porque nos necesitara, nos creó porque nos quería. Lo hizo por Su Santa y Soberana voluntad.

Dios nos creó un poco menor que los ángeles. Medite un momento en esto: Adán y Eva no tenían necesidades de algún tipo. ¡Lo tenían todo! Tenían comida, no había enfermedades, no había muerte, podían ver a Dios cara a cara y conversar con Él. No tenían sufrimientos, ni dolores. No había envidia, ni mentiras ni engaños. No existía el chisme ni el orgullo. Era un mundo perfecto creado por un Dios perfecto.

Pero piense en esto: El pecado es un producto del corazón. No hay nada más engañoso que un corazón no santificado. ¿Ha tratado su corazón de convencerle para que haga algo que le haya sido negado? ¿Ha tratado su corazón de convencerle de que hacer eso no es tan malo?
Nosotros podemos cambiar las circunstancias, pero sólo Dios es el que puede cambiar el corazón. El pecado comenzó en el huerto, pero fuera de ese lugar el pecado se multiplicó.
Vea Génesis 6:1-7 Hay un contraste marcado entre Adán y Noé. Adán tomó la decisión incorrecta. Noé al contrario tomó la decisión correcta. ¿Cuál era la diferencia fundamental que había entre estos dos hombres? Génesis 6:8-9 nos dice que Noé andaba con Dios. Adán había andado con Dios, pero decidió desobedecer y apartarse de Él. Nadie lo obligó, esa fue su decisión. No se puede obedecer al diablo y a Dios a la misma vez.

Hay que tomar una decisión. ¡No se puede estar en la cerca! Leamos Josué 24:15. No deje que el hecho de haber oído muchas veces este versículo le prive de su enorme enseñanza. ¿A quién servirás tú? ¿Y a quién servirán tus hijos? Lea Génesis 9:17. ¿Quiénes estaban involucrados en este pacto? ¿No ve una cierta analogía con el mundo que nos rodea? Sólo podemos salir victoriosos si caminamos con Dios.

Lea Isaías 46:9-11. En Génesis 9:1 Dios les dio un mandato a Noé y a sus hijos. Lea ahora Génesis 11:1-5. ¿Qué unió al pueblo? ¿Por qué construyeron la ciudad y una torre los hombres? ¿Por qué cree que quisieron hacer esto? Fíjese lo que dice Génesis 9:7. ¿No le parece que esto no está en armonía con la construcción de la torre? Veamos ahora Génesis 11:5. La palabra que se traduce como descendió es “yarad” que implica “abundancia”. Esto no contradice la omnipresencia de Dios. Una traducción literal sería algo así como descendió a plenitud.

En Génesis 11:6-9 vemos la reacción que tuvo Dios ante lo que vio que estaban haciendo los hombres. Dios sabía que el hombre no iba a desistir de su idea, porque Dios conoce el corazón de los hombres. El hombre quería seguir su propio camino sin tomar en cuenta a Dios. El hombre tenía y siempre tiene dos opciones: A) Es parte del plan de Dios para resolver el problema, o…; B) Es parte del problema que Dios va a resolver. Lo que sucedió en la Torre de Babel produjo naciones, razas y lenguas, es decir división. En este punto, Dios comenzó a apartar a un pueblo…

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