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Las ofrendas en Levítico

Por Dr. Óscar J Fernández

Holocausto u Ofrenda Quemada. Se ofrecía por la noche y por la mañana, en las fiestas anuales y en los días especiales. Podía ser un toro joven o un carnero, cordero, palomino o paloma, pero debía ser un ejemplar PERFECTO, sin defectos. El animal se quemaba todo en el altar. La ofrenda parece que variaba de acuerdo al poder adquisitivo del que brindaba el sacrificio, leamos Levítico 1:1-17.

La llamada Ofrenda de Grano o de Cereal. Esta es la única ofrenda que no tenía derramamiento de sangre. Consistía de harina fina, con aceite, incienso y sal. Se podía cocer en tortas pero tenía que estar sin levadura. Una parte era quemada en el altar y el resto se les daba a los sacerdotes. Leamos Levítico 2:1-16.

La Ofrenda de Paz, las instrucciones para esta ofrenda eran muy similares a las de la Ofrenda Quemada u Holocausto con la diferencia de que aquí sólo se quemaban ciertas partes de los órganos internos de los animales que se ofrecían en sacrificio. Los sacerdotes recibían el pecho y el muslo derecho y el que ofrecía el sacrificio recibía una cantidad de carne que le permitiera para hacer una cena de celebración. La Ofrenda de Paz era una ofrenda que mostraba GRATITUD. Leamos Levítico 3:1-17.

La Ofrenda por el Pecado. Esta ofrenda tenía el propósito de “pagar” (expiar) por el pecado cometido sin intención. La diferencia fundamental con las otras ofrendas era si el ofensor era el sacerdote o toda la congregación. Sólo ciertos órganos internos se ofrecían y el resto del animal se quemaba fuera del campamento. Cuando el ofensor era el sacerdote, la sangre se rociaba siete veces delante del velo del santuario y luego sobre los cuernos del altar de incienso que estaba dentro del Tabernáculo. Leamos Levítico 4:1-35. Los animales que se ofrecían eran similares a los de las otras ofrendas.

Ofrenda de la Expiación u Ofrenda por la Culpa, también se le llama “Ofrenda por el Pecado” por lo que a veces es difícil diferenciar estas dos ofrendas. La diferencia fundamental es que esta ofrenda estaba acompañada por una restitución a quien había sufrido la ofensa. Lea Levítico 5 y 6 para que comprenda mejor este aspecto. El procedimiento seguido para el sacrificio se explica claramente en Levítico 1. Aquí los detalles del sacrificio dibujan una imagen perfecta del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Israel fue llamado a experimentar el sacrifico de forma literal y nosotros hemos sido llamados para experimentar el sacrificio espiritualmente, como una tipificación del Mesías. Leamos Levítico 1:3-6. Había un orden que los sacerdotes debían seguir, leamos Levítico 1: 5,7-9. ¿Notó que eran las personas las que hacían el sacrifico?

Hay un claro mensaje que pasa a nosotros: Una víctima inocente perdía su vida a causa del pecado de quien la mataba. El sacrificio sólo era aceptable si se seguía exactamente como estaba ordenado. Los pecados de los hombres podrían ser expiados en la cruz sólo si se acumulaban sobre Jesús, que es el Cordero sin defectos. Piense cuántos de esos pecados eran suyos y míos. Leamos Levítico 6:8-13

Al anochecer Aarón y sus hijos debían degollar y quemar un sacrificio vespertino que ardería sobre el altar durante toda la noche. Temprano en la mañana debían esperar que cayera la última ceniza. La tradición hebrea dice que entonces sonaban las trompetas en son de fiesta y los sacerdotes gritaban: ¡Consumado es! Leamos Juan 19:30.

Para que un sacrificio fuera aceptado debía ser un animal perfecto, sin defectos. El pecado es grave. Sólo la sangre derramada, que representa la vida, puede pagar por el pecado. Al colocar una mano sobre la cabeza del animal que sería sacrificado, la persona se identificaba con ese animal que venía a tomar su lugar. El sacrificio era necesario para el perdón. La sangre del animal era importante para justificar al pueblo ante Dios. Era el medio usado para que el Pueblo de Dios pudiera expiar sus pecados. Fue un tipo.
La sangre de los animales limpiaba los pecados del pueblo de Israel y los perdonaba de forma temporal. Leamos la explicación que da el Apóstol Pablo en Hebreos 9:13. La Biblia dice que Jesús es el sacrificio supremo y que su muerte hace que los creyentes sean limpios para siempre ante Dios. Leamos Hebreos 9:11,12 y 14. Cuando Juan el Bautista notó que Jesús se acercaba, le dijo a la gente que Jesús era “el Cordero de Dios” que quita el pecado del mundo (Juan 1:29). Amén.

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