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La iniciativa para Middle TN

Para esta fecha ya usted debe haber recibido en el correo un sobre de la iglesia que contiene una carta de Mike y un sobre verde con el letreo Primer Domingo de Ofrendar para la Iniciativa para Middele TN.

Probablemente usted me escuchó hablar de este asunto. Para mí, lo más importante no es cuánto usted va a dar, sino la actitud de su corazón para dar. No se trata de dar de lo que nos sobra, sino de ofrendar de lo que nos falta. Es una tarea de fe. En Hebreos 11:1 dice: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Y de eso precisamente se trata. Esta es una tarea de fe, para hacer lo que Dios nos está llamando a hacer en nuestra iglesia.

Pablo señala que algunos tienen el don de dar o repartir. Por supuesto que no estaba hablando del diezmo. Mucho se ha debatido sobre la responsabilidad de los creyentes para sostener el ministerio de la iglesia. El apóstol estaba haciendo referencia al don que han recibido algunos creyentes de dar con regocijo y dar abundantemente. Pero no estoy hablándoles a los que tienen ese don. Les estoy hablando a los que no lo tienen. A todos y cada uno de ustedes, los que son miembros de nuestra iglesia y que hemos recibido el llamado que ha estado haciendo nuestro Pastor Principal para abrir nuevos campuses y de unirnos para trabajar con un grupo de iglesias que están próximas a tener que cerrar sus puertas en una zona que llega hasta Kentucky por el norte y hasta Alabama por el sur, por el oeste hasta Madison y por el este hasta College Station. En esta zona hay personas que hablan 58 idiomas diferentes y el índice de pobreza es alarmante. Son personas que nunca estarían dispuestas a venir hasta nosotros para escuchar el mensaje de Jesucristo y por eso nosotros debemos ir hasta donde ellas están con ese mensaje de amor y esperanza.

Yo nací en un hogar muy pobre pero cristiano. Mi madre tenía once hermanos y su padre ganaba muy poco dinero dedicándose a realizar tareas en el campo como jornalero, mientras la madre atendía a la casa y a los hijos. Cuando mi mamá tenía nueve años, tuvo que dejar de ir a la escuela para salir a trabajar con otra hermana que tenía once años para traer algo para ayudar a cubrir los gastos de la familia. Mamá trabajaba de criada haciendo lo que una niña de esa edad es capaz de hacer, y mucho más. Mi madre se casó con mi padre cuando tenía dieciséis años y siguió trabajando como doméstica por unos cuantos años más, para ayudar a sus padres y a sus hermanos más pequeños. Este fue un rasgo de su carácter y una necesidad que aprendió en sus años de formación y que practicaba gozosa por tener un corazón sensible y generoso.

Cuando mi mamá se convirtió al cristianismo, recibió el don de dar. Ella no tenía educación. No sabía leer ni escribir. Eran los días en los que las mujeres en Cuba, no solían trabajar fuera de su hogar. Mi madre hacía todo tipo de trabajos honestos para ganar algún dinero. Lavaba y planchaba ropas. Cocinaba para servicio de cantinas y mil cosas más. Pero eso también lo hacían muchas personas pobres en mi país. Lo que hacía mi madre diferente, era que sus manos siempre estaban abiertas para ayudar a los demás. A su familia, a los hermanos de la iglesia, a la familia de mi padre y a todas las personas que le pedían algo, que a propósito eran muchas y ella no tenía ni siquiera lo más indispensable para ella misma. Pero mi madre daba con satisfacción. Cuando no tenía algo material que dar, ofrecía su trabajo de gratis. Esto fue algo a lo cual estuve expuesto durante casi toda mi vida.

Recuerdo de niño estar cenando y llegar a la puerta de nuestra casa un vagabundo y tocar pidiendo comida y mi madre, sin pensarlo dos veces, ir a la mesa y tomar de lo mejor que había y dárselo a ese desconocido y en muchos casos decirle: Si lo desea, venga por aquí todos los días a esta hora que de lo que tengamos compartiremos con usted. Cuando yo como niño protestaba, porque nos quedaba menos comida, mi madre siempre decía, pues apúrese en comer, no sea que llegue alguien más. En mi casa, dar no era una opción, era parte de nuestra manera de vida.

Las palabras de Pablo han sido interpretadas por algunos eruditos como una referencia a distribuir los recursos de la iglesia, mientras que otros señalan que se refiere a repartir los recursos personales para extender el reino de Cristo, y otro gran grupo entiende que se refería a ayudar a los cristianos necesitados. Personalmente pienso que el mejor indicador es cuando damos y sentimos “GOZO” en hacerlo y no lo hacemos por COMPROMISO. Cuando las cosas se hacen para quedar bien con los demás, pienso que esa es la recompensa. Hagamos las cosas de corazón y Dios nos recompensará.

¿Cómo debemos dar? Pablo bajo la dirección del Espíritu Santo dice que demos con liberalidad, con sinceridad de corazón; es decir, generosamente. Pienso sinceramente que esta es la clave ya que esta actitud nos motiva a dar con una intención tan clara que los demás no pueden menos que notar que las manos que están ayudando a los necesitados son, de hecho, las manos de Cristo. Dar, no para que otros vean, como hacían los fariseos. Dar sin condiciones de a quién damos, dar de lo que nos falta y no de lo que nos sobra, dar con sacrificio, casi diría con dolor, no porque nos lamentemos de dar sino porque nos tenemos que privar de algo muy preciado por amor a nuestros semejantes, teniendo presente que por ellos Cristo dio su vida.

Tengo un amigo que pastorea una iglesia en la Florida. Ellos tienen un programa para ayudar a los indigentes. Como parte de este programa, ellos ofrecen una cena gratuita. En la invitación que entregan para esta cena ellos explican el motivo que los lleva a hacer esta inusual actividad. De una manera muy simple y directa dice la invitación: “Te invitamos porque Jesús te ama, y nosotros también”. Esta es la manera de dar a la que se refiere el apóstol Pablo. Esta es la manera de dar a la que estamos llamando en este momento en nuestra iglesia. ¿Es un plan ambicioso? Claro que lo es. ¿Es una meta alta? Cierto, son dos años para hacer un montón de cosas que a otros les tomaría mucho tiempo. Pero Dios nos trajo hasta 7777 Concord Road en Brentwood con un propósito y nosotros hemos decidido ser obedientes al llamado de Dios. ¿Y tú, que vas a hacer tú?

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