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Una sublime promesa

Isaías 53.2-3

“2 “Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.
3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos”.

Los eruditos bíblicos dividen Al libro de Isaías en lo que llaman los Cantos del Siervo:
El Establecedor de la justicia (Isaías 42.1-4; Mateo 12.18-21).
El Dador de la salvación para todo el mundo (Isaías 49.1-6; Lucas 2.32; Hechos 13.47).
El Maestro atormentado (Isaías 50.4-9; Juan 8.29; 15.10).
El Siervo sufriente (Isaías 52.13 – 53.12.
Algunos eruditos han agregado un posible quinto canto (Isaías 61.1-2), que Jesús leyó en la sinagoga (Lucas 4.18-19).

¿Por qué los cristianos piensan que Jesús era el siervo sufriente del que habla Isaías?
Primero, Mateo indica que el ministerio de sanidad de Jesús era el cumplimiento de Isaías 53.4 (Mateo 8.17).
Segundo, y más dramáticamente, Felipe interpreta Isaías 53.7-8 como una profecía acerca de Jesús (Hechos 8.32-35).
Tercero, Marcos 15.28 y Lucas 22.37 hacen referencia a Isaías 53.12, viendo la muerte de Jesús entre dos pecadores como cumplimiento de esa profecía de Isaías.
Cuarto, Juan cita Isaías 53.1 como una profecía cumplida en el rechazo de Jesús (Juan 12.38).
Quinto, Pedro relacionó Isaías 53.9 con la vida de Jesús; Isaías 53.5 con la muerte de Jesús e Isaías 53.6 con la obra expiatoria de Jesús por nuestros pecados (1 Pedro 2.22, 24-25).

Un aspecto clave del cuarto Canto del Siervo es la idea de que el Mesías se convirtió en uno de nosotros (Isaías 53.2). Jesús se hizo humano y habitó entre nosotros (Juan 1.14).
¿Cómo interpretar las referencias al siervo como un renuevo o una raíz de tierra seca?
La analogía es la de una planta pequeña tierna que necesita establecer un buen sistema de raíces para captar la humedad y los nutrientes del suelo. Pero tristemente, la joven planta tiene sus raíces en tierra seca, lo cual significa que no llegará a estar bien nutrida o fuerte.
La analogía, entonces, se aplica directamente al Siervo con las palabras no hay parecer en él, ni hermosura. La palabra “mar’ eh” que se traduce hermosura corresponde a la misma palabra hebrea que se usa en 1 Samuel 16.18 para describir a David como hermoso. Este Siervo no era atractivo, ni al parecer poseía “esplendor”, “honor” o “grandeza”, que son otros usos de la palabra. Quienes lo miraban no encontraban en Él atractivo como para desearlo. Dios le dijo a Samuel: “el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16.7).
Alrededor del año 200 de nuestra era, el padre de la iglesia Clemente de Alejandría citó Isaías 53.2 como evidencia de que Jesús se había convertido en “un espectáculo desagradable”. Y continuó: “Sin embargo, ¿quién es mejor que el Señor? Él no mostró la belleza de la carne, que es solo una apariencia externa, sino la verdadera belleza de cuerpo y alma; por el alma, la belleza de las buenas obras y por el cuerpo, la belleza de la inmortalidad”.1 Podemos entender que el versículo significa que el Siervo no poseía rasgos físicos extraordinarios que lo hicieran destacar entre la multitud. En la Historia de Dios, las verdaderas estrellas son las personas más humildes; esto nunca es más cierto que cuando se aplica a Jesús.

El Siervo, aunque de apariencia común, estuvo expuesto a lo peor de este mundo: Despreciado y desechado. El adjetivo “despreciado” conlleva la idea de desdén o falta de valor; “desechado” implica alguien que es mantenido a distancia, abandonado. La sociedad no aceptó al Siervo en su conjunto. Por el contrario, fue varón de dolores, experimentado en quebranto. La palabra “makh’ ôv“ que aquí RV traduce dolores literalmente significa sentir mucho dolor, con lo cual se indica la naturaleza del sufrimiento del hombre o los múltiples sufrimientos como tormentos mentales y físicos.
El “quebranto” es cualquier tipo de enfermedad. Era alguien de quien escondimos nuestro rostro. No querían verlo, ni que Él los viera; una imagen muy gráfica del rechazo social. El uso del término menospreciado refuerza esta imagen de rechazo. El versículo termina con una admisión de parte del pueblo: no lo estimamos. La palabra que RV traduce como estimar también puede significar “pensar en alguien o en algo y aconsejar. Ellos decidieron no pensar en Él como una persona significativa.
¿Qué diremos los que afirmamos que amamos a Jesús? ¿Alguna vez llegamos a exaltarlo hasta el punto que debemos hacerlo? ¿Acaso no lo menospreciamos cuando no lo exaltamos delante de nuestra generación? Clemente de Alejandría tenía razón al valorar la belleza de Jesús, no tanto por Su apariencia física, sino por la manera en la que Él vivía para Dios.

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