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¿Qué concepto debes tener

Por Dr. Óscar J. Fernández
Romanos 12.3
Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.La epístola de Pablo a los romanos es, sin duda, una obra maestra tanto de literatura como de teología. En esta carta se presenta lo que pudiéramos considerar como la esencia del evangelio de una manera más clara que probablemente en cualquier otro lugar del Nuevo Testamento.

Debemos tener presente que Roma era la ciudad cosmopolita según la cual se juzgaba a todas las demás ciudades del mundo grecorromano del primer siglo. Se levantaban en ella cientos de templos dedicados a varios dioses y como dominando el escenario de la antigua Roma se levantaba el popular Circo Máximo, que hoy día es una de la ruinas mejor preservadas, —en donde se realizaban carreras de carros, combates entre gladiadores y otras muchas formas espectaculares de entretenimientos— la ciudad era todo un derroche del esplendor del antiguo Imperio y la disipación de los privilegiados.

Pero incluso en esta grande y compleja ciudad, en medio de tiempos convulsos y de grandes cambios y ajustes, Dios llamó a mucha gente para sí mismo con el fin de extender la obra de su Reino. Estos cristianos romanos formaron la incipiente e influyente iglesia que Dios estableció en una ciudad que estaba entenebrecida por el pecado. Judíos y gentiles por igual formaban parte de esta iglesia, era una combinación única de personas que estaba dedicadas a Dios y representaban de una manera singular los pactos antiguo y nuevo.

Naturalmente que todos ellos llegaron a Dios por medio del Nuevo Pacto que establecía la fe en Cristo como el único camino posible para alcanzar la salvación. Fue a esos cristianos precisamente a los que el apóstol Pablo les escribió lo que ahora conocemos como la “Epístola a los Romanos” para fortalecerlos en su fe y “para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí” (Romanos 1.11-12).

Pablo relaciona Romanos 12.3-5 con los vv. 1-2 por medio de las palabras: Digo, pues, por la gracia que me es dada. La exhortación que Pablo estaba presentando a los cristianos romanos, brotaba de las instancias concretas en la que ellos permitirían que el Espíritu Santo transformara sus mentes y sus vidas (vea Romanos12.2). Era por ese favor inmerecido que había recibido, la gracia que se le dio a Pablo, que él apelaba a los cristianos romanos.

Pablo ordena que cada cristiano no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener. ¿Se da cuenta de que este es un problema que se sigue presentando en la actualidad en muchas congregaciones? ¿Por qué piensa que una persona critica o hace campaña en contra de un maestro de la Escuela Dominical? Muchas veces, lamentablemente, es porque desea tener ese cargo para sí o para algún familiar o amigo. ¿Qué la persona que aspira no está preparada? Bueno, más y más en estos turbulentos días parece que eso no es problema. Ya son muchos los que creen y practican la idea de que como van a “hablar de Dios, Él les dirá lo que tienen que decir”. Pienso, con toda honestidad, que dios no actúa de esa manera. Él premia nuestro esfuerzo y nos bendice abriendo nuestro entendimiento, pero señores, HAY QUE ESTUDIAR Y PREPARARSE. Los conocimientos, incluyendo los bíblicos, no caen como el maná del cielo. El estudio regular y metódico de la Biblia es indispensable y es una parte muy importante.

Déjeme detenerme aquí un segundo, pues esta es otra VERDAD A MEDIAS. Es verdad que si Dios llama a un ministerio, cualquiera que este sea, Él capacitará para que se realice. El problema es que muchas veces DIOS NO HA LLAMADO, y es la persona la que quiere hacer algo porque “LE GUSTA”.

Lo que hace básicamente Pablo es indicarles a los creyentes que se vean a sí mismos de una manera honesta y realista. Quitándose la máscara que puede engañar a los demás, pero no a Dios ni a ellos mismos. Ahora, déjeme aclarar que esta clase de introspección solo puede realizarse cuando uno tiene una mente renovada por el Espíritu Santo.

El creyente debe pensar de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. En este caso, la palabra “medida” conlleva la idea de una marca o un metro por el cual se puede determinar un atributo como el largo o la altura. Esa medida es la fe, en el sentido del elemento cristiano básico; la fe salvadora que Dios nos ha dado. Esto incluye reconocer que no somos dignos de la salvación, y que somos completamente incapaces de obtenerla por nuestros propios medios. NO HAY ALGO que un ser humano pueda hacer que le dé méritos suficientes para obtener la salvación.

Pablo deseaba que cada persona se juzgara a sí misma con la “medida de la fe” que Dios nos dio inmerecidamente. Quería que los cristianos romanos pudieran verse de manera sana y con cordura, con una mente renovada y llena del Espíritu Santo. Cuando nos medimos a nosotros mismos o a los demás con medidas humanas, comparándonos a nosotros con ellos, mostramos falta de sensibilidad e inmadurez espiritual. Al medirnos así, sacamos la mirada de la verdadera medida de la grandeza: la medida máxima, Jesucristo mismo. Con respecto a Él es que debemos de tratar de establecer nuestro punto de comparación.

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