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Él nos da la victoria

 

Por Oscar J. Fernandez

Es muy difícil luchar contra algunas cosas. De manera especial, cuando nuestras vidas han estado sometidas al control de esas cosas al punto de llegar a ser verdaderos esclavos de las mismas. No importa por cuánto tiempo, bien sea mucho o relativamente poco.

Conozco a un hombre que estaba dominado por su vicio al alcohol. Muchas veces había prometido dejar de tomar bebidas alcohólicas, pero su vicio era mucho más fuerte que sus buenas intenciones.

Sus hijos pequeños eran testigos involuntarios del desastre en el que se había convertido su familia y su hogar. La esposa de este hombre recibió a Cristo como Señor y Salvador y el cambio que se operó en la vida de ella fue tal que llamó la curiosidad de los hijos y del esposo alcohólico.

Un día este hombre también se rindió a Cristo. Su vida comenzó a transformarse. El cambio más notable fue que decidió no tomar nunca más. Él se había prometido lo mismo muchas veces, pero ahora no estaba solo y nunca más ha tomado ni una gota de alcohol. Sus mejores testigos son sus hijos y su esposa.

Un día me dijo: “Sé que Cristo me libró de mi vicio y me ha dado la victoria sobre el alcohol pero yo me siento tan débil que yo no cruzo ni cerca de donde se vendan bebidas alcohólicas”. Él había triunfado pero reconocía que la lucha no había terminado y que el triunfo no era de él, sino de Aquel en quien él había confiado.

Nuestra vida en realidad es una lucha constante en la cual se producen caídas y recaídas, pero Dios nos ha prometido la victoria si nos aferramos a Él y dejamos obrar al Espíritu Santo para que nos llene y nos dé la fortaleza que necesitamos para luchar. Un día, la victoria final será nuestra y el pecado no podrá acosarnos nunca más. Por eso Jesús nos encomendó a: “Velad y orad” porque es la única manera en la cual podremos vencer a nuestro adversario el diablo.

Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”. 1 Corintios 15.57

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