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La Gloria de Dios Apocalipsis 4:1-6a

Apocalipsis 4:1
1 Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.
Estas cosas sucedieron después de la visión inicial que Juan describe en Apocalipsis del 1 al 3. En el capítulo 4 el Apóstol va de la tierra al cielo. La puerta abierta al cielo, es similar a la descrita por Ezequiel 1:1 Aconteció en el año treinta, en el mes cuarto, a los cinco días del mes, que estando yo en medio de los cautivos junto al río Quebar, los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios.
La voz como de trompeta era la del Cristo resucitado (Apocalipsis 1:10). Esta imagen inicial nos recuerda que Cristo es el centro del libro de Apocalipsis. Esta introducción nos prepara para la profecía que va a recibir Juan.

Apocalipsis 4:2
Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado.
Observe que el lenguaje que usa Juan es similar al usado por el profeta Ezequiel en Ezequiel 3:12: “Y me levantó el Espíritu, y oí detrás de mí una voz de gran estruendo, que decía: Bendita sea la gloria de Jehová desde su lugar”.
Solo un rey se puede sentar en el trono. Juan nunca describe al trono, pero su importancia es evidente. Este trono es más importante que todos los demás mencionados en este libro.
Apocalipsis 4:3
Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda.
Juan no describe el aspecto de Dios, solo dice que “era semejante”. Pero ni siquiera hoy podemos estar seguros del color que Juan estaba describiendo. Esta es una manera de describir la hermosura infinita de Dios. Tenga presente que el Arco Iris se menciona en la Biblia solo en dos contextos: 1.) Como señal del pacto hecho con Noé (Génesis 9: 13-16) y
2.) Como señal de la majestad de Dios y Su presencia en los cielos (Ezequiel 1:28 y Apocalipsis 4:3 y 10:1).
Apocalipsis 4:4
Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas.
En las cortes reales, el soberano está rodeado por personas que le sirven. Algo similar es lo que Juan describe.
Los 24 tronos corresponden, según los eruditos, a los doce hijos de Israel (Jacob) y a los doce Apóstoles. Esta es una forma de representar la continuidad del Antiguo y el Nuevo Pacto.
Estos “ancianos” parecen ser una clase especial de seres celestiales cuyo propósito es adorar a Dios. Su aspecto era el de ancianos.
Las ropas blancas significan su pureza.
Las coronas que llevan son “estefanos” es decir, las coronas de los vencedores y no “diademos” que son las coronas de los reyes.
Apocalipsis 4:5
Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios.
Relámpagos y truenos recordemos Éxodo 19:16 En el Monte Sinaí: “Aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana, vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que estaba en el campamento”.
Los siete espíritus son la forma habitual de Juan de referirse al Espíritu Santo.
Las siete lámparas de fuego es la manera como Juan describe la apariencia del Espíritu Santo. Recordemos cuando descendió el Espíritu Santo en el Día de Pentecostés: Hechos 2:1-4 1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.
Apocalipsis 4:6ª
Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás.
Aunque muchos intérpretes de la Biblia han tratado de encontrar el simbolismo a este mar de cristal, en verdad esta es la manera de Juan de expresar la magnificencia del salón del trono celestial. Las palabras del idioma no son suficientes para expresar adecuadamente la hermosura de este lugar.

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