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Ni yo te condeno…

Por Dr. Oscar J. Fernandez [Published By Baptist Press on 9/4/2015, Used by Permission]

La historia que narra Juan en el capítulo 8 de su evangelio es muy conocida. Hay varios hechos en la misma que debemos analizar. 1.) La mujer fue sorprendida haciendo algo condenado por la Ley. 2.) La mujer fue traída por un grupo de airados “religiosos” que buscaban que fuera condenada. 3.) Jesús confrontó a los acusadores con sus conciencias. 4.) la mujer en ningún momento negó su falta. 5.) La mujer, a pesar de quedar sola con Jesús, no huyó, sino se quedó para enfrentar las consecuencias de sus actos. 5.) Jesús extendió su misericordia ilimitada para cubrir a la mujer con su perdón, diciéndole: “ni yo te condeno”. 6.) Jesús dejó claro el camino futuro de esta mujer al decirle: “vete y NO peques más”.
Este episodio, como muchos otros en la Biblia, muestra que el pecado tiene consecuencias. La gracia de Dios es capaz de cubrir y perdonar cualquier pecado, por horrible que este sea, pero las consecuencias que tal hecho haya generado, tendrán que ser enfrentadas, por el que cometió el hecho. Esto no tiene algo que ver con el perdón de Dios.
En los años que he servido en el ministerio cristiano, en muchas ocasiones he tenido que escuchar la revelación de hechos bochornosos que cubren una amplia gama de problemas éticos y morales. En cada ocasión en la que he comenzado escuchar, aquello que hubiera preferido ignorar, siempre Juan capítulo 8, involuntariamente, ha estado presente en mi mente, y está muy claro para mí que Dios no nos ha llamado para condenar ni para juzgar a otros. Dios nos ha llamado para mostrarles que hay un camino para salir de la situación en la que se encuentran, cualquiera que esta pueda ser.
Por regla general, cuando alguien es sorprendido haciendo algo pecaminoso, que contradice los valores que se suponía que sustentaba, la primera cosa que viene a su mente es: ¿Y ahora que voy a hacer? Y esta pregunta la he escuchado más veces de lo que yo hubiera deseado. Tanto de parte de cristianos como de parte de ministros del evangelio. El pecado no reconoce fronteras. La salida de esa situación no es fácil, siempre tiene consecuencias, pero hay una salida, hay restauración y hay perdón.
Para los seguidores de Cristo, la situación, aunque similar en muchos sentidos a la de la gente del mundo, en realidad es diferente. Déjenme analizar algunos aspectos de esa situación. En primer lugar, hay alguien que se preocupa, con toda seguridad, más de una persona. No estoy diciendo que el camino va a ser fácil, pero hay un camino.
Algunos problemas son tan grandes que pueden parecer montañas infranqueables. Simplemente parece imposible escalarlas, no hay formas de darles la vuelta y parece imposible pasar al otro lado. Además el daño puede alcanzar a su pareja, amistades, compañeros de trabajo y la iglesia. La vergüenza de un hecho que se suponía oculto es una bofetada del pecado. ¿Qué puede hacer una persona que ha sido sorprendida en un hecho de esta envergadura?
Aunque con un motivo distorsionado, la mujer fue traída ante Jesús. Ese es un buen comienzo y una buena pista. El dolor por el pecado va a estar presente, no va a desaparecer con rapidez ni con facilidad. Leyendo con cuidado Juan capítulo 8 vemos que hay un hecho y hay un culpable. Se puede tratar de culpar a Satanás, al jefe, a un familiar, a un amigo, a la esposa o esposo, a cualquiera. Pero hay una verdad. Hay un solo culpable: el que cometió la falta, y nadie más.
A partir de este episodio que narra el apóstol Juan, observamos algunas cosas que una persona que enfrente este tipo de situación puede hacer para salir adelante. Es una especie de bosquejo que podemos usar para ayudar.
1.) Arreglar el asunto con Dios. Esto no es algo a tomar a la ligera. Piense en la mujer de la historia. La persona tiene que presentarse ante Dios con arrepentimiento y con fe. Llorando y confesándole a Él su pecado. No importa la gravedad del hecho, la sangre de Jesús tiene poder para limpiar cualquier pecado.
2.) Confiar plenamente en Dios. Es imposible saber que sucederá en el futuro de una persona enfrentando este tipo de situación, por lo que deberá confiar totalmente en Dios. Tendrá que confesar su falta y esto implica un riesgo. Tal vez las cosas se empeoren antes de mejorarse, pero nunca tomaran a Dios por sorpresa. Cuando la persona estaba pecando Dios estaba triste por ese motivo. Ahora que ha sido sorprendido es el momento para entregarse completamente a Dios para hacer Su voluntad, cualquiera que esta pueda ser.
3.) Confesar la falta, cualquiera que esta haya sido. En primer lugar a la pareja. Tal vez esta sea la parte más difícil, pero no se puede ocultar un hecho si se desea alcanzar la victoria. No es tratando de parecer fuerte, sino mostrándole a Dios la debilidad que ha llevado hasta el punto de caer.
4.) Si se trata un ministro, pastor o un líder laico, tiene que confesarle la falta a la iglesia. La confesión pública es importante. Lo que la iglesia determine, esta fuera del control del ofensor. La manipulación y el jugar el papel de víctima, agravan más el daño cometido.
5.) Confiar en Jesús. La persona ha ocasionado dolor y sufrimientos y va a tener que sufrir por sus actos, pero Dios es el Gran Sanador. La persona debe lamentar lo que ha hecho y mirar a Dios para salir delante de la situación, cualquiera que esta sea.
El final de la historia de Juan capítulo 8 es el final adecuado para cualquier tipo de situación que usted esté llamado a ayudar o que tal vez tuviera que enfrentar. Jesús le dijo a la mujer: ¡Ni yo te condeno, vete y no peques más! Nosotros tampoco podemos condenar a alguien y estamos llamados a dejar claro que la persona TIENE que abandonar el pecado.

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