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No es lo mismo…

Por Dr. Óscar J. Fernandez

Por muchos años he visitado la Unidad de Cuidados Intensivos (ICU) de diferentes hospitales para visitar y orar por hermanos y hermanas de la iglesia. También he visitado a amigos no creyentes para testificarles de Cristo. De manera especial, cuando era Capellán voluntario del University of New Mexico Hospital, era casi una rutina diaria pues yo fui, por mucho tiempo, el único capellán bautista, y a las personas se les pregunta cuál es su preferencia religiosa y se les respeta.

Por supuesto que nosotros visitábamos a cualquiera que solicitara nuestro servicio, sin tomar en cuenta su filiación denominacional. De esas visitas a la UCI tengo muchas experiencias y recuerdos. En muchas ocasiones vi el poder de Dios derramándose sobre Sus hijos. Vi a personas reconciliándose con Dios casi a punto de abandonar este mundo. Recuerdo a personas que se revelaban contra la situación de estar graves. Vi a una gran cantidad de cristianos con una sonrisa en los labios y un cántico de alabanzas esperando a ir a encontrase con su Salvador.

Pero yo nunca había estado en una UCI como paciente. Para mí fue una experiencia agri-dulce si es que cabe el uso del término. Por una parte, es impresionante ver la enorme cantidad de tubos, monitores, agujas insertadas en la venas, oxígeno y mil cosas más que nos hacen imposible cualquier movimiento, sin mencionar el dolor que apenas nos deja respirar. Esta es la parte agria.

Por otro lado, sentir la protección y el cuidado de Dios es algo indescriptible. Ver entre sueños a personas queridas que llegan hasta donde uno está. Escuchar a hermanos alabando a Dios y clamando por nuestra sanidad. Saber de hermanos que han estado junto a nuestros familiares durante todas las horas que duró la cirugía y la fase de recuperación hasta llegar a la UCI. Y sentir el poder de la oración de muchos hermanos y hermanas unidos en un mismo clamor a pesar de encontrarse a muchos cientos de millas de distancia.

Solo estuve unas 24 horas en la UCI, pero me pareció un tiempo interminable. Vinieron a mi mente los recuerdos de personas que por muchos días tuvieron que permanecer en la UCI y las diferentes actitudes de algunos. Lo más interesante para mí fue sentir la mano de Dios cuidando de mí.

Hay un hermoso himno que me gusta mucho, y que durante ese tiempo en la UCI no se apartó de mí ni un solo momento. Era como algo que estuviera sujetado al igual que las agujas que taladraban mis venas y de las cuales no me podía zafar. Era imposible de apartarlo de mi mente.

Este himno dice en su primera estrofa:

He is my Rock, my shield, my fortress
[Él es mi roca, mi escudo, mi fortaleza]
Is my salvation and my strength
[Es mi salvación y mi fuerza]
The force of death they were surrounding me
[las fuerzas de la muerte me estaban rodeando]
But he heard my cry for Him
[pero Él escuchó mi clamor por Él]
So I stand in trust,
Entones me mantego confiado
So I stand in Faith
me mantengo en mi fe
I will not be shaken…
No me dejaré zarandear…

¿No es hermoso poder cantar con la mente y sentir el poder de Espíritu Santo obrando? ¿Qué puede existir que nos de temor? Si Dios es con nosotros, ¿Quién contra nosotros? Ya ves que no es lo mismo…

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