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ESTUDIO SOBRE ÉXODO (7)

ÉXODO 3:1-12. SIRVIENDO CON LA FORTALEZA QUE DA DIOS

Tal vez tu hayas tenido algunas experiencias similares. En verdad me hacen sentir muy frustrado este tipo de situaciones que son muy frecuentes. Alguna persona nos pide que oremos por ella pues se encuentra enfrentando dificultades en el trabajo, o porque está aspirando a un nuevo empleo, o porque está a punto de perder el trabajo, o por quién sabe qué. Y la lista se hace interminable. Ese es el motivo de oración que tienen y por supuesto se trata de una gran prioridad para esa persona. Comenzamos a orar sin cesar, y un día, sin que alguien lo esperara, Dios responde a esas oraciones de una manera inesperada y más abundantemente de lo que pudiéramos esperar.

De repente todo cambia y una alegría sin límites nos llena a todos al ver la mano poderosa de Dios actuando a favor de Sus hijos. Pasa el tiempo y un día, escuchamos de los labios de la persona que estaba enfrentando la situación difícil, una historia completamente desconocida, en la que esa persona, debido a sus méritos laborales, preparación profesional y experiencia, había logrado el cambio que tanto necesitaba. ¿Y Dios dónde está? Esa es una buena pregunta: ¡No aparece en la nueva historia!

PENSAMIENTO INICIAL:
Debemos usar las habilidades y los dones que Dios nos ha dado diligentemente, pero debemos siempre de depender de Dios y de Su fortaleza divina.

Éxodo 3:1-12 (RVR)
1Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. 2Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. 3Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. 4Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. 5Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. 6Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. 7Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias,
8y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo. 9El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. 10Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. 11Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? 12Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte.

 

ANALIZANDO EL PASAJE BÍBLICO:

A pesar de que Moisés había sido educado en toda la sabiduría de los egipcios [Hechos 7:22 dice: Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras], estos talentos dados por Dios no lo calificaban para la gigantesca responsabilidad que tendría que enfrentar. La obra de Dios tiene que ser hecha, a la manera de Dios y en el tiempo de Dios. Le iba a tomar otros 40 años a Moisés para aprender esta lección.

También el apóstol Pablo tuvo que aprender una lección similar. También él era un académico brillante [Filipenses 3:5 dice: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo;]. Él conocía la ley del Antiguo Testamento a la perfección, y la guardaba lo mejor que sus habilidades le permitían, pero observa lo que este apóstol escribió en 1 Corintios 2:1-5 1Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. 2Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado. 3Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; 4 y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, 5para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Pienso que este es un gran ejemplo para todos nosotros, sin tener en cuenta la responsabilidad que podamos tener en el Cuerpo de Cristo. Sin lugar a dudas Dios quiere que usemos todos nuestros dones espirituales y los talentos y habilidades que Él nos ha dado y que hemos ido desarrollando durante las experiencias que hemos vivido. Pero no confundamos las cosas. Está claro en la Escritura que el plan de Dios es que nosotros obremos basados y confiando en Su fortaleza y no en nuestra “inteligencia” y con el poder de Su Espíritu Santo no con el nuestro.

El presente pasaje es uno de los muchos ejemplos en la Biblia de la representación de Dios en una teofanía de fuego. Claro está que no todos los incendios indicaban la presencia de Dios. En este caso en particular, inicialmente Moisés no pensó que ese fuera el origen del fuego que hacía arder al arbusto sin consumirse.

Pienso que ese fue el método que usó Dios para llamar la atención de Moisés, y funcionó, como por supuesto Él sabía que lo haría. Entonces Dios comenzó a revelarse a Sí mismo desde dentro del fuego (teofanía) dirigiéndose a Moisés.

Siempre me ha llamado la atención que, en esta, que fue la primera vez que Dios se dirigió a Moisés lo hizo usando una forma que puede llamarse una repetición de cariño: “¡Moisés, Moisés!” En la antigua cultura semítica, dirigirse a alguien repitiendo dos veces su nombre era una forma de expresar cariño, afecto y amistad.

De manera que Moisés pudo haber comprendido inmediatamente que alguien que lo apreciaba mucho lo estaba llamando. La respuesta de Moisés, hinnēnî (“aquí estoy”), no tiene un significado especial ni implica una disposición particular para hacer algo. Era simplemente la forma que se usaba en hebreo para responder “sí” cuando uno era llamado por alguien. Con tristeza he escuchado a algunos predicadores hacer una interpretación errónea de esta expresión. En este momento, la respuesta de Moisés no implica una disposición para hacer algo, hecho que se demuestra con lo que sucedió a continuación.

Hay un hecho que quiero resaltar en este pasaje. Me refiero al temor que expresó Moisés. Ese temor de ver a Dios está fundamentalmente basado en una suposición general que era muy común en la antigua cultura del Cercano Oriente. La misma establecía que si una persona mirara a un dios (excepto en la forma de un ídolo, según las nociones paganas del concepto), esa persona podría estar en un gran peligro ya que los dioses y seguramente el único Dios verdadero, protegían su presencia de los seres humanos.

Dos grandes desafíos a la fe de Moisés aparecen aquí implícitamente al final de estos versículos. El primero es un desafío compartido por todos los creyentes: confiar en que Dios siempre ha estado preocupado por su sufrimiento, ya que, en el presente mundo caído, Dios permite el sufrimiento. El hecho de que los israelitas hayan estado sufriendo la opresión durante mucho tiempo sin ser rescatados plantea la pregunta: “Si estás dispuesto a ayudar ahora, ¿por qué no ayudaste antes?”

La Biblia proporciona respuestas claras a esa pregunta, pero los individuos o grupos normalmente no pueden saber por qué su sufrimiento en particular es tan severo o ha durado tanto tiempo, y es que el dolor que le duele a uno, se siente más fuerte que el que afecta a otra persona.

El segundo desafío involucra al pasado de Moisés: ¿cómo podría alguien que intentó y dejó de ayudar a sus hermanos israelitas durante cuarenta años ahora, en sus últimos años, podrá ser el elegido de Dios para convertirse en el libertador de toda la nación?

La situación de los israelitas era muy difícil en su trabajo forzado y se define con cuatro palabras: “miseriaclamandoesclavossufrimiento“. Y con tres verbos, Dios anunció su compasión: “De hecho he visto … los he escuchadoestoy preocupado“. El primero de ellos, “realmente he visto” ( rā’ōh rā’îtî ) involucra la construcción absoluta infinitiva hebrea, que tiene el sentido de decir: «he observado cuidadosamente»  o  «le he prestado mucha atención», indicando así la intensidad del interés de Dios en la miseria de Su pueblo. Nótese también que Dios llamó a Israel “Mi pueblo”, haciéndose eco, y sustituyendo más la referencia de Moisés a “su propio pueblo”.

La «protesta» de Moisés en el versículo 11, se ajusta al patrón habitual. En estos casos: ser llamado por Dios para realizar una tarea. Moisés expresó respetuosamente su humildad, al recibir una encomienda tan importante.

La pregunta de Moisés, «¿quién soy yo?» es solo eso: una pregunta, y no una expresión de falta de confianza en uno mismo. En este punto, él no estaba tratando de evadir la tarea que Dios lo estaba llamando a realizar, sino que estaba siendo cortés, según los dictados de su cultura.

La expresión exacta es: «Quién soy yo» ( mî’ānōḳî ) y aparece en otras dos ocasiones en el Antiguo Testamento, y en cada caso se usa como parte de la aceptación cortés de un honor, y no como un intento de rechazar algo.

Según la redacción de su respuesta, está claro que Moisés entendió la naturaleza de su misión

PARA REFLEXIONAR:

¿Cómo podemos usar nuestra inteligencia, capacidad física y habilidades en su máxima expresión, y a la vez depender por completo de la dirección y la fortaleza de Dios?

REFLEXIÓN INDIVIDUAL:

¿Cuándo fue la última vez que te llamaron para confiarte una tarea de mucha confianza?

¿Había otras personas que hubieran podido hacer la tarea?

¿Qué sentiste?

¿Por qué crees que te eligieron a ti?

¿Qué plan pusiste en práctica para realizar la tarea?

¿Con que elementos contabas para realizar la tarea?

¿Cómo terminó el asunto?

¿Qué papel jugó Dios en todo eso?

 

 

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